miércoles, 17 de junio de 2026

Sólo se habla del eclipse de sol

Es de la única efeméride astronómica de la que se habla en estos días: el eclipse solar total del 12 de agosto. Hay una fascinación generalizada y unas ganas locas de observarlo desde una buena localización. Sobre la traza del eclipse no deben quedar plazas de hotel, habitaciones en casas rurales o parcelas de camping libres para dicha fecha, tal es el frenesí que ha despertado un fenómeno de cuyo significado profundo nadie parece tener ni la más mínima idea. Y quizás por la misma ignorancia supina, casi nadie habla del próximo solsticio de verano, como si no importara o fuese un acontecimiento de segunda.

Sí, casi nadie entiende ya nada de nada. Si saliéramos a la calle e hiciésemos una encuesta sobre las razones por las que interesa tanto presenciar el eclipse, seguro que abundarían las respuestas del tipo “es el primero del siglo XXI”, “mis amigos me han invitado a verlo”, “es una curiosidad interesante”, “será guay”, etc., motivos que para los encuestados son más que suficientes para librarse desinhibidamente a la contemplación de este “bello espectáculo de la naturaleza”.

Pero un eclipse total de Sol es un símbolo de la aniquilación de la luz y del advenimiento de las tinieblas, como de hecho puede entender cualquier persona que tenga un mínimo de inteligencia. Y la luz es el principio de la vida y la existencia universal. Con el fiat lux de la tradición judeocristiana -y sus análogos de las cosmogonías de las distintas tradiciones del mundo- se da paso al cosmos a partir del caos, por lo que jalear la abolición de la luz es, simbólicamente, sumarse a las fuerzas disolventes de lo creado y acelerar la ya de por sí veloz caída del ciclo cósmico en que vive nuestra humanidad, el funesto Kali yuga de los hindúes y la temible Edad de hierro de los griegos. Da igual que sea por un ratito; en el ámbito de lo sutil, el gesto simbólico, el rito y su intención es lo que cuenta.

Federico González Frías, en la entrada “Eclipse” de su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, dice que “si los antiguos viviesen estarían atónitos ante la levedad con que se tratan los eclipses actualmente”. Ellos se esconderían en sus casas “como hacían todos los pueblos europeos y precolombinos y otros descendientes de los atlantes”, los cuales, “llegado este momento preciso (de dos horas de duración) se cubrían con sus capas o ponchos y allí emitiendo todo tipo de sonidos espantosos trataban de ahuyentar aquello que había dejado el eclipse”, escorias que vienen a opacar la luz como las qelippot de la Cábala y de las que nada bueno puede esperarse. Concluye su entrada Federico con una advertencia y un consejo que haríamos muy bien en seguir: “Muy peligroso el eclipse. Se necesita ir con cuidado y posponer toda cita o encuentro en esas horas”.

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El solsticio de verano de 2026 (de invierno en el hemisferio sur) comenzará el próximo 21 de junio a las 10 horas y 24 minutos de hora oficial peninsular según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional. La estación estival durará aproximadamente 93 días y 16 horas, y concluirá el 23 de septiembre con el equinoccio de otoño.

A comienzos del verano, tras la puesta del Sol, serán visibles Mercurio (sólo en junio y donde haya condiciones óptimas para su observación), Venus y Júpiter.  Mercurio reaparecerá a comienzos de setiembre mientras que Júpiter desaparecerá hacia mediados de julio.

Al alba podremos contemplar a Marte y Saturno. Júpiter será visible desde mediados de agosto, mientras que Mercurio podrá ser observado entre finales de julio y finales de agosto.

El eclipse total de Sol del 12 de agosto afectará al Ártico, Groenlandia, Islandia, el norte del océano Atlántico y por la tarde, poco antes de la puesta, a España. Además, el 28 de agosto habrá un eclipse parcial de Luna que afectará a América, Europa y África. En España, la Luna se pondrá antes del final del eclipse.


Páginas centrales del libro Sol, solet, de Els Comediants


lunes, 16 de marzo de 2026

Podar para crecer

Quien tiene a su cargo un campo, un jardín, un parterre o una simple maceta sabe que para que las plantas crezcan sanas, fuertes y bellas hay que podarlas en determinadas ocasiones.  El tran-tran y el más de lo mismo no se dan en el mundo vegetal; hay momentos en que agentes naturales como la lluvia intensa, el viento fuerte, los rayos o el fuego, o bien la acción del agricultor o el jardinero, imponen el aligeramiento de lo que es superfluo o incluso perjudicial para la supervivencia y la renovación. A veces, la planta ya había dado todo lo que podía dar de sí y sucumbe al gesto riguroso; pero en otras ocasiones, cuando su salud es buena y tiene vida por delante, la poda significa el preludio de una nueva oportunidad de magnificencia. Claro está, siempre que ésta se realice con inteligencia, a saber, con un corte limpio y en la dirección adecuada para que el agua no se encharque en la herida, dejando yemas que sean susceptibles de brotar y, quizás lo más importante, llevándola a cabo en el momento adecuado del ciclo (por lo general, antes de la primavera para poder aprovechar la subida de la savia).

Todo lo que nos enseñan las artes de la agricultura y la jardinería tiene una dimensión simbólica que a uno no le pasa desapercibido. También hay momentos en nuestra vida en que toca podar, y es bueno saber advertirlo. Puede que uno no se dé cuenta y que sea un amigo o un compañero quien nos haga caer en la cuenta de que seguir con la misma cantinela no lleva a ninguna parte y de que hemos de desposeernos de determinadas cosas, atributos o actitudes con toda la energía que sea necesaria para no irnos debilitando. O sea, podar lo que haya que podar para poder vivir con plenitud conforme a nuestro deseo y al compromiso que un día contrajimos con nosotros mismos. Como ya hemos recordado en alguna ocasión, los alquimistas dicen que la primavera es un tiempo propicio para el inicio de la Gran Obra de transmutación.

Brotes primaverales de un granado podado
 
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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el equinoccio de primavera (de otoño en el hemisferio austral) de 2026 tendrá lugar el día 20 de marzo a las 15 horas y 46 minutos de hora oficial peninsular. La estación durará aproximadamente 92 días y 18 horas, y terminará el 21 de junio con el solsticio de verano.

Venus y Júpiter serán visibles en el cielo primaveral tras la puesta de sol. Igualmente, Mercurio podrá ser observado en el cielo vespertino a partir de finales de mayo, pero sólo en los lugares donde el horizonte oeste sea llano y tenga poca contaminación lumínica.

En los amaneceres de primavera, Mercurio será visible (en este caso sobre el horizonte este, con las limitaciones ya mencionadas) hasta comienzos de mayo. A primeros de abril aparecerá Marte, y Saturno lo hará a mediados del mismo mes.

Durante la primavera de 2026 no se producirá ningún eclipse. 


lunes, 15 de diciembre de 2025

Solsticio de invierno y perihelio

Paradójicamente, el solsticio de invierno, instante del año en que los habitantes de las latitudes medias del hemisferio norte vemos discurrir al Sol a menor altura sobre el horizonte, sucede en la actualidad cuando nuestra estrella central se encuentra más cerca de la Tierra. La Tierra alcanza su perihelio, el punto en que la distancia entre la Tierra y el Sol es mínima, alrededor del 3 de enero y gracias a ello los inviernos boreales son ligeramente más templados de lo que tocaría si la Tierra y el Sol estuviesen más alejados la una del otro, puesto que la intensidad de la radiación solar que llega a nuestra atmósfera es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre ambos astros.

La órbita terrestre (cortesía del portal astronomiaparatodos.com)

Pero esto no siempre ha sido así. La superposición del ciclo de la precesión de los equinoccios, de 25.920 años, y de la denominada precesión apsidal, una sutil rotación del perihelio sobre el plano de la órbita terrestre de unos 112.000 años de periodo, hace que el perihelio se desplace con respecto al solsticio con un ciclo de unos 23.000 años en promedio. O sea que hace unos 10.500 años, el perihelio coincidía con el solsticio de verano boreal, y su opuesto, el afelio -el punto de máxima lejanía entre la Tierra y el Sol-, con el solsticio de invierno, cosa que volverá a suceder dentro de unos 12.500 años si los dioses así lo tienen a bien. Lo que está claro, porque todas las tradiciones lo afirman unánimemente y los signos de los tiempos lo confirman abundantemente, es que será otra humanidad la que contemple los cielos que hoy admiramos.

Movimiento de precesión apsidal (con licencia Creative Commons)

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El solsticio de invierno (de verano en el hemisferio austral) ocurrirá el día 21 de diciembre de 2025 a las 16 horas y 3 minutos de hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional. La estación invernal durará aproximadamente 88 días y 23 horas, y terminará el 20 de marzo de 2026 con el equinoccio de primavera.

Serán visibles, al anochecer de los días de invierno, Saturno, Júpiter (a partir de comienzos de enero) y Venus (a partir de mediados de febrero). Saturno se irá acercando progresivamente al Sol y acabará desapareciendo del cielo vespertino al inicio del mes de marzo, mientras que Mercurio aparecerá a lo largo de febrero y podrá ser observado en lugares en los que el horizonte oeste sea llano y no tenga contaminación lumínica.

Al amanecer serán visibles Júpiter y Mercurio. Este último desaparecerá del cielo matutino a comienzos de enero y reaparecerá a mediados de marzo, mientras que Júpiter dejará de verse a mediados de enero.

Durante el próximo invierno habrá dos eclipses, uno anular de Sol y otro total de Luna, pero no afectarán a España. El eclipse solar tendrá lugar el 17 de febrero y podrá ser visto desde la Antártida, Sudáfrica y el sur del océano Índico, mientras que el lunar será el 3 de marzo y afectará a América, el este de Asia y Oceanía.

 

jueves, 18 de septiembre de 2025

La extraña belleza

Hay muchas personas entusiasmadas con la idea de una juventud perenne que se debería poder lograr, a juzgar por lo que dicen los adalides de esta ensoñación, mediante una mezcla conveniente de productos cosméticos, cirugías plásticas e implantes cibernéticos. Pero en realidad, ¿qué puede haber más bello que lo que madura y envejece para finalmente desaparecer, retornando a la plenitud de su origen? Es en la posibilidad de la reabsorción final donde reside la grandeza de lo que se va arrugando, como aquella flor magnífica del jardín.

Se acerca el otoño y bajo su luz dorada, que emerge tras los deslumbres del verano, todo se ve más nítido y más como es, sin ambigüedades. Como se ve uno a sí mismo en el otoño de su vida, cada vez más despojado de sus disfraces. Y por eso, más libre.

Puesta de sol. Mallorca, septiembre de 2025

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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el equinoccio de otoño tendrá lugar, en el hemisferio norte, el día 22 de septiembre a las 20 horas y 19 minutos de hora oficial peninsular. La estación durará aproximadamente 89 días y 21 horas, terminando el 21 de diciembre con el solsticio de invierno.

Marte y Saturno serán visibles tras la puesta de sol al inicio del otoño, y pocos días después, también Mercurio en los lugares con horizonte llano y sin contaminación lumínica. Marte y Mercurio desaparecerán hacia mediados de noviembre. Y al amanecer podremos observar durante la estación a Venus (hasta primeros de diciembre) y a Júpiter, a los que se unirá Mercurio a finales de noviembre.

No va a haber eclipses durante el otoño.


viernes, 20 de junio de 2025

El solsticio, una oportunidad

Los magos y alquimistas de la antigüedad reproducían en sus gabinetes el proceder de la naturaleza para producir creaciones con las que se sumaban a la gran obra de construcción de un universo inacabado. Convertidos por medio de ese gesto en colaboradores conscientes de la Cosmogonía universal -consciencia que diferenciaba su labor ritual de las simples acciones materiales-, la vivían “desde adentro” y se adentraban en sus misterios, el mayor de los cuales es la emanación del Ser Universal en el seno de la Posibilidad Absoluta. Entrevista la hoja de ruta que conducía al origen, su vida se consagraba al ascenso por la escala que recorre los estados del ser hasta la última puerta con el afán de traspasarla.

Toda esa labor era llevada a cabo con un método y conforme al orden universal, con el que se ritmaban. Y de la misma manera que ellos veían la entrada del Sol en Aries, signo de fuego -el inicio de la primavera en el hemisferio boreal-, como un momento propicio para dar comienzo a la obra de transmutación o para reemprenderla con furor, pensamos que la detención del ascenso del gran luminar que ocurre en el solsticio de verano -la entrada del Sol en Cáncer, signo de agua- es una circunstancia propicia para la recapitulación.

En la cinta del tiempo cíclico, el solsticio es un símbolo del tiempo que no transcurre, es decir un reflejo de la eternidad. Eternidad que vive en nosotros porque nuestra alma vivía en ella antes de ser “atrapada” en un cuerpo y caer en esta pesada existencia, y no se desligó de ella en el trance. Hay en nuestra alma muchos aspectos cambiantes y efímeros, presididos por la Luna: los instintos, las pasiones, los afectos, los sentimientos, etc., vivencias que se corresponden con el mundo de Yetsirah en el Árbol de la Vida cabalístico. Pero hay un cordón umbilical invisible que mantiene unida al alma con el espíritu y que hace que ésta pueda ser partícipe de los estados más diáfanos del Ser Universal. Tal aspecto superior del alma, de carácter solar, no es otro que el mundo de Beriyah de la Cábala y su facultad más elevada es el pensamiento inspirado, una “intuición intelectual” directa que nos lleva a afirmar que somos lo que somos aunque no podamos decir mucho más. Quizás ni nos demos cuenta del todo de la majestad que ello significa. Y he aquí la oportunidad que nos brinda el solsticio: “el tiempo se ha detenido en su constante ambular” como dice el poeta, y no hay otra cosa que hacer que absorbernos en la inmensidad del Ser universal y su matriz infinita, porque en la eternidad no hay más que eso. Y la eternidad es ahora.

La revelación del ángel. William Blake, ca. 1805

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El solsticio de verano (de invierno en el hemisferio sur) tendrá lugar el día 21 de junio a las 4 horas y 42 minutos de hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional. La estación durará aproximadamente 93 días y 16 horas, y terminará el 22 de septiembre con el equinoccio de otoño.

Tras la puesta del Sol serán visibles Marte y Mercurio, este último sólo hasta finales de julio y allí donde el horizonte oeste sea llano. A partir de primeros de septiembre podremos ver también a Saturno, hacia el este.

Durante el crepúsculo matutino podremos contemplar a Venus y Saturno, el segundo cada vez más cerca del Sol. Júpiter será visible desde comienzos de julio, y Mercurio, entre primeros de agosto y principios de septiembre donde las condiciones sean propicias para su observación.

En el verano de 2025 tendrá lugar un eclipse total de Luna, el 7 de septiembre, y un eclipse parcial de Sol, 21 de septiembre. El primero, que en España ocurrirá al anochecer (la Luna saldrá ese día ya eclipsada), será visible en Europa, Asia y Oceanía, mientras que el segundo afectará al Pacífico sur, Nueva Zelanda y la Antártida.


martes, 18 de marzo de 2025

Festina lente



La eclíptica, jalonada por los signos zodiacales, y el ecuador celeste.
Con licencia Creative Commons


Ya hemos explicado en otras ocasiones que la intersección con la bóveda celeste de los planos que contienen al ecuador terrestre y a la órbita de traslación de la Tierra en torno al Sol dibujan sobre aquélla dos círculos que se denominan, respectivamente, ecuador celeste y eclíptica. Al estar ambos círculos inclinados el uno con respecto al otro -debido a que lo están los planos que los determinan-, éstos se cortan en dos puntos: el punto Aries o vernal y el punto Libra. Cuando el Sol pasa por el primero se produce el equinoccio de primavera, y cuando pasa por el segundo, el de otoño (a la inversa en el hemisferio sur).

La posición que el Sol ocupa sobre la eclíptica es el factor que determina la duración del día y de la noche. Diariamente, el Sol avanza un grado de arco sobre la eclíptica y cuando su declinación (= distancia vertical al ecuador celeste) es máxima, o sea en los solsticios, la duración del intervalo con luz solar apenas varía de un día para otro porque el recorrido del Sol es, en esos puntos de la eclíptica, aproximadamente paralelo al plano ecuatorial. En los equinoccios, en cambio, la variación de la duración del día es máxima y puede haber una diferencia de hasta cuatro minutos más (primavera) o menos (otoño) de luz de un día al siguiente.

A las puertas de la primavera, en este momento de máxima velocidad de cambio, nos ha venido a la memoria el conocido adagio latino festina lente, o ”apresúrate despacio”. Éste es un

“dicho renacentista que conjuga opuestos, también como una contradicción en sus términos ya que significa velozmente lento, o mejor algo así como el dicho chino emulado por Napoleón:

        Vísteme despacio que estoy apurado.

Tal el conocido símbolo del ancla (áncora), como elemento estable, y la velocidad de las alas, como expresión de la impermanencia.”(1)


Emblema del ancla y el delfín del Sueño de Polifilo, que alude al lema festina lente.
Con licencia Creative Commons


El alcance de la enseñanza que encierra este lema se comprende mejor cuando se considera su análogo alquímico, “fijar lo volátil”:

“Operación, o mejor, serie de operaciones necesarias para establecer a la deidad como permanente en el alma del iniciado.

El adepto ya conoce la presencia de la deidad mensajera, pero quiere hacerla suya como un valor perenne en sí mismo. A través de muchas dificultades y trabajos ya ha reconocido diversas formas de la deidad que han aparecido, o se han presentado en su alma. Pero desea realizar en ella un vergel en el que cada macizo de flores, cada planta esté en su lugar correcto.

Para ello lo primero que debe saber es que con objeto de lograr el orden que pretende --cualquiera que éste sea- no debe confiar en su voluntad humana para conseguirlo, sino abandonarse a la Voluntad divina.

Esto no es lo que ha estado haciendo, sino lo inverso, aunque él no lo crea y en su necedad trate de demostrar lo contrario. Estaba esperando que esas imágenes difusas de la deidad -muchas veces ligadas a la niñez- se hicieran suyas para establecer así su propiedad y una vez munido de ella ser el beneficiario de algo que merece y se le ha otorgado por sus esfuerzos y virtudes.

Con la mentalidad del hombre viejo jamás la obtendrá y pospondrá indefinidamente sus posibilidades pues todavía imagina un tesoro, que hay que obtener.

En todo caso la retribución siempre es el presente, el hoy día. Eso es lo que debe obtener. La presencia perenne de la deidad en el ser humano nunca ha sido, en verdad, una pesca imaginativa de la belleza. Es la belleza en sí, la que se le da de modo permanente por la gracia.

Siempre es ahora y la eternidad es eso. En los comienzos la obtención de la sabiduría es una carrera de postas, pero cuando llega el momento del Sí mismo, siempre es actual, y la vivencia de lo simultáneo deviene eso, un ahora reiterado donde ya no hay adonde ir ni nada que percibir. No hay nada que conocer.

Y ello es haberse deificado y no unas vagas ensoñaciones, o unas ilusiones poéticas que sólo suelen ser unas falsas ideas del hombre profano, no sacralizado.

        Abandonad toda esperanza vosotros que entráis,

dice Dante al comienzo del recorrido de la Divina Comedia.

Esta errónea visión de la que hablamos suele ser un bien propio del supermercado de 'ideales'.

Tal vez sea hora de dejar nuestra caja de sueños y obtener lo que se busca viendo lo que las cosas son en este ciclo, es decir, beber la hiel de la amargura como si fuera lo que hoy se nos da, nuestro alimento, y recibir la angustia de la desesperación con mucha objetividad. Quizá haya situaciones que no podremos resolver nunca. No esperar milagros; son contraproducentes. ¡Bájate de la nube!” (2)

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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el equinoccio de primavera (de otoño en el hemisferio sur) tendrá lugar el día 20 de marzo a las 10 horas y 2 minutos de hora oficial peninsular. La estación durará aproximadamente 92 días y 18 horas, y acabará el 21 de junio con el solsticio de verano.

Durante la primavera, Marte y Júpiter serán visibles tras la puesta de sol, aunque el segundo dejará de avistarse a primeros de junio. Mercurio hará su aparición en el cielo vespertino justamente en ese mismo periodo, y podrá ser observado a simple vista donde el horizonte oeste sea llano y carezca de contaminación lumínica.

La primavera se iniciará sin ningún planeta visible al amanecer. Venus se podrá comenzar a observar a partir de finales de marzo, y Saturno y Mercurio desde primeros de abril. El heraldo del Sol desaparecerá del horizonte este a finales de mayo.

Durante la primavera de 2025 tendrá lugar un eclipse parcial de Sol. Será el 29 de marzo y podrá verse desde el noroeste de Europa, Rusia y África, Groenlandia y el extremo noreste de América. También afectará a España, aunque la superficie solar que se ocultará será mucho menor (entre un 10% y un 30% según la longitud del lugar). Este va a ser el primero de una serie de eclipses de Sol que serán visibles desde España en los próximos años: el 12 de agosto de 2026 y el 2 de agosto de 2027 habrá dos eclipses totales, y uno anular el 26 de enero de 2028.

(1) Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Festina lente”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.

(2) Op. cit., entrada “Fijar lo volátil”.


martes, 17 de diciembre de 2024

Solsticio de invierno 2024


Altar votivo dedicado al Sol y al emperador Domiciano.
Glyptothek München (con licencia Creative Commons)


"La Astrología establece las relaciones entre la inmanifestación y la manifestación, entre el creador y la criatura, a través de las energías, los ciclos y los ritmos de los astros, que son las causas mediadoras entre Dios y lo terrestre. Estos agentes naturales son también dioses, y sus comportamientos, andanzas y carácter constituyen un modelo ejemplar para los humanos. La contemplación del cielo y sus constantes invariables es una manera de conocer, apoyándose en la manifestación sensible como vehículo del Arquetipo Eterno.

En un mundo indisolublemente unido en todas sus partes, que se corresponden, el cielo y sus habitantes es un espectáculo fascinante de armonía y un inmenso libro abierto para los que tienen oportunidad de leerlo.

En la arquitectura del cosmos los astros juegan un papel importantísimo y todos los pueblos del mundo han reparado en él y lo han conocido. Sin embargo, los meros procedimientos de tipo predictivo, por interesantes que ellos sean, no agotan la perspectiva de la astrología y la astronomía herméticas, cuyo verdadero sentido se encuentra en su adaptación a la cosmología, o sea a su utilización con el fin de alcanzar el Conocimiento de la verdadera esencia y naturaleza del universo y del hombre, lo que equivale también a conocer, entonces, la huella, o la firma, del Arquitecto invisible y creador".

Federico González, El Tarot de los Cabalistas

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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el solsticio de invierno (de verano en el hemisferio austral) de 2024 tendrá lugar el sábado 21 de diciembre de 2024 a las 10 horas y 21 minutos de hora oficial peninsular. La estación durará aproximadamente 88 días y 23 horas, y terminará el 20 de marzo de 2025 con el equinoccio de primavera.

Al inicio de las noches de invierno podremos ver en el cielo a Venus, Júpiter y Saturno, si bien este último se irá acercando al Sol paulatinamente y acabará desapareciendo a finales de febrero. Marte comenzará a ser visible en los cielos vespertinos a mediados de enero y Mercurio hará una breve aparición, allí donde haya condiciones favorables para su observación (horizonte oeste llano y libre de contaminación lumínica) en la primera quincena de marzo.

Marte y Mercurio serán visibles (el segundo dependiendo de cómo sea el horizonte este del lugar) durante el crepúsculo matutino al inicio del invierno, aunque desaparecerán hacia finales de enero. No habrá otros planetas a la vista al amanecer hasta finales de invierno, periodo en que reaparecerá Venus como lucero del alba.

Durante el invierno habrá un eclipse total de Luna. Ocurrirá el 14 de marzo y será visible desde América, el oeste de África y Europa, y el este de Asia y Oceanía.


domingo, 15 de septiembre de 2024

Poema de otoño


Imagen de la Tierra en un día de equinoccio (del portal lariojameteo.es)


"Se escriben de urgencia estas líneas,
pues se ha visto que los vates
no cantan al otoño como deberían.
Se lamentan por la hoja que cae
y el esplendor perdido.
Elogian a los colores y aromas maduros
de un trance que en verdad no les es querido.
Simples alegorías sobre tu obra, Necesidad,
colaboradora del Destino,
sin que nadie realmente goce
con tu riguroso ejercicio.
¿Que cae la hoja?
¡Claro está!
¿Que se van las golondrinas y el sol?
¡Cómo no!
El fin de un ciclo adviene
porque un día comenzó
y por necesidad se ha de colmar,
por tal razón.
Lo anuncia este otoño,
penúltimo movimiento de tu partitura,
guardiana del acontecer
cuyo accionar hoy celebro.
Y celebro porque comprendo
por obra de la Gracia, providente.
Y porque comprendo, alegre te contemplo,
otoño, ¡otoño!,
tiempo que agotas nuestro tiempo."

Anónimo

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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el equinoccio de otoño (de primavera en el hemisferio austral) tendrá lugar el día 22 de septiembre a las 14 horas y 44 minutos de hora oficial peninsular. La estación, cuya duración aproximada será de 89 días y 21 horas, concluirá con la llegada del solsticio de invierno el 21 de diciembre.

Venus y Saturno serán visibles tras la puesta de sol durante toda la estación. Se podrá divisar a Mercurio hacia el oeste durante unas semanas de noviembre en los parajes de horizonte llano. Por su parte, Júpiter y Marte asomarán por el este alrededor de la medianoche al principio del otoño e irán ganando presencia con el transcurso de la estación. En cuanto a los amaneceres, además de Marte y Júpiter, Mercurio será también visible, en este caso sobre el horizonte este y solamente en los días finales del otoño.

Durante el otoño de 2024 ocurrirá un eclipse anular de Sol. Sucederá el 2 de octubre y será visible en el Pacífico y Sudamérica.


lunes, 17 de junio de 2024

Solsticio de verano 2024

Como ya hemos mencionado en otras ocasiones, la tradición hindú considera al solsticio de verano como “la puerta de los hombres”, el punto de la rueda cósmica por el que el ser humano entra en la existencia con una primera respiración, y muchas veces, un llanto. Desde el punto de vista del judeocristianismo y la gnosis, este nuestro estreno en el mundo de la dualidad es algo lamentable por cuanto supone el inicio de un exilio que, por la inercia del ciclo, nos va a llevar cada vez más lejos del Paraíso -cuya visión se irá hundiendo más y más en el río del olvido- a no ser que pongamos remedio por medio de la anamnesis, el recuerdo del Sí alimentado por el trabajo con el símbolo y la contemplación.

La cosa urge porque el olvido avanza a pasos agigantados, o sea que mejor aplicarse a la labor con intensidad y sin distraernos, si es que aún no lo estamos haciendo. Como dice el Libro tibetano de los muertos, “ahora que he obtenido un cuerpo humano, no hay tiempo en el camino para divagaciones de la mente”.

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Imagen reciente de la atmósfera del Sol (Observatorio de Dinámica Solar de la NASA)


Según el Observatorio Astronómico Nacional, el solsticio de verano (de invierno en el hemisferio sur) tendrá lugar el próximo jueves 20 de junio a las 22 horas y 51 minutos de hora oficial peninsular. La estación estival durará aproximadamente 93 días y 16 horas, y terminará el 22 de septiembre con el equinoccio de otoño.

Tras la puesta de sol no habrá ningún planeta visible en el cielo a comienzos del verano. Mercurio hará una aparición fugaz en julio y Venus será visible desde agosto, aunque a muy poca altura sobre el horizonte oeste. Saturno aparecerá por el este al anochecer a partir de primeros de septiembre.

En el crepúsculo matutino, Marte, Júpiter y Saturno serán visibles al inicio de la estación, aunque el último quedará subsumido en el brillo del alba desde mediados de septiembre. Mercurio podrá llegar a ser visto sobre el horizonte este al terminar la estación donde haya buenas condiciones para la observación.

El 18 de septiembre tendrá lugar un eclipse de parcial de Luna que será visible en América, Europa, África. La fase de parcialidad, visible en España, durará de las 4:13 a las 5:16 de hora oficial peninsular.


martes, 19 de marzo de 2024

Primavera 2024

Llega la primavera y así se lo dice el amado a la amada en el Cantar de los Cantares:

Levántate, amada mía,
hermosa mía, y vente.
Porque, mira, ha pasado ya el invierno,
han cesado las lluvias y se han ido.
Aparecen las flores en la tierra,
el tiempo de las canciones es llegado,
se oye el arrullo de la tórtola
en nuestra tierra.
Echa la higuera sus yemas,
y las viñas en cierne exhalan su fragancia.
¡Levántate, amada mía,
hermosa mía, y vente!

(Ct 2, 10-13)

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Según datos del Observatorio Astronómico Nacional, el equinoccio de primavera de 2024 (de otoño en el hemisferio sur) tendrá lugar en la madrugada del día 20 de marzo, exactamente a las 04:06 horas de hora oficial peninsular. La estación, que concluirá el 20 de junio con el solsticio de verano, durará aproximadamente 92 días y 18 horas.

Júpiter será visible tras la puesta de sol, y también Mercurio en los lugares con un horizonte llano y despejado hacia el oeste. Mercurio dejará de ser visible a primeros de abril y Júpiter hacia mediados de mayo, por lo que la primavera acabará sin planetas avistables en el cielo vespertino.

En cuanto al crepúsculo matutino, Marte será el único planeta visible al inicio de la estación. Saturno aparecerá por el este a primeros de abril y Júpiter lo hará en junio. 

En la primavera de 2024 habrá dos eclipses: el 25 de marzo, un eclipse penumbral de luna que podrá verse en América -no en España-, y el 8 de abril, un eclipse total de sol que afectará como tal a Norteamérica y a Centroamérica. En España será visible como eclipse parcial en las islas Canarias más occidentales y el extremo noroeste de la península.

Brotes de un granado joven (Mallorca, marzo de 2024)


domingo, 17 de diciembre de 2023

Invierno astronómico e invierno meteorológico

Relegada la astronomía a la categoría de simple ciencia de curiosidades en que las efemérides no son más que algo “bonito”, los meteorólogos han tenido fortuna con su concepto del “invierno meteorológico” por su supuesta mayor practicidad y coherencia con lo que la gente experimentamos. Abarca del primer día de diciembre al último día de febrero y comprende meses del año que teóricamente presentan una gran similitud en cuanto a temperaturas y climatología. Su definición está basada, pues, en algo tan voluble como la estadística, y al paso que va el calentamiento de nuestro planeta y la variabilidad creciente de sus patrones climáticos, nada tendría de extraño que se decidiese modificar su definición de aquí a poco. O incluso que se optase por comenzarlo y acabarlo cada año en unas fechas distintas según los datos observados o previstos. Un desbarajuste tal sería perfectamente acorde con el desorden cada vez más agresivo que aflora por todas partes y que pugna por atraernos a su vorágine.

Y mientras tanto ahí sigue el Sol, ese atleta que a diario recorre nuestro cielo de este a oeste pacientemente, ora basculando hacia el norte ora hacia el sur según un orden preciso e invariable hasta que su tiempo y el del mundo se hayan cumplido. Un faro de periodo exacto que nos invita a vivir inmersos en el rito, a sumarnos con la acción y el pensamiento a un orden del que participa todo el cosmos sacudiéndonos de encima la agitación gratuita y las tonteras a las que solemos prestar tanta atención. Tanta que llegamos a olvidar quienes somos realmente.

“Por lo que siendo honestos, hemos de empezar dando las gracias a la posibilidad de vivenciar el recuerdo de un Cosmos Vivo, receptor del Misterio al que nos adscribimos y en torno al cual la existencia cobra sentido y lo ordinario se torna extraordinario”. (1)

Puesta de sol en Mallorca, diciembre de 2023


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El solsticio de invierno (de verano en el hemisferio austral) tendrá lugar el viernes 22 de diciembre de 2023 a las 4 horas y 27 minutos de hora oficial peninsular, según el Observatorio Astronómico Nacional. La estación invernal durará aproximadamente 88 días y 23 horas, y concluirá el 20 de marzo de 2024 con el equinoccio de primavera.

Saturno y Júpiter serán visibles al anochecer durante el invierno, si bien Saturno se irá aproximando al Sol gradualmente hasta desaparecer del cielo vespertino a mediados de febrero. Por su parte, Mercurio hará una corta aparición durante el mes de marzo, siendo visible en los lugares de horizonte llano y despejado.

Al inicio de la estación, Venus será el único planeta que veremos durante el crepúsculo matutino. Marte aparecerá sobre el horizonte este en diciembre así como también Mercurio, cuya visibilidad en lugares favorables para su observación se prolongará durante el mes de enero. Venus desaparecerá al término de la estación, siendo Marte el único planeta visible al alba en lo sucesivo.

Durante el próximo invierno no habrá eclipses de sol ni de luna.


(1) Beatriz Ramada, La Taberna Hermética (Comedia radiofónica II). Revista SYMBOLOS nº 64, Barcelona, 2023.


jueves, 21 de septiembre de 2023

Equinoccio de otoño 2023

El fin de este verano boreal se acerca y el cielo no deja de producir prodigios. Hace poco vimos, por efecto de un parhelio sobre un cielo de cirros, a cuatro soles en el cielo simultáneamente, y ese mismo día, un impresionante crepúsculo de sangre. Ayer mismo, todos los medios de comunicación se hicieron eco de un aumento imprevisto de las llamaradas del Sol y de las eyecciones de masa de su corona, las cuales hacían temer daños en satélites, sistemas de comunicaciones y centrales eléctricas. Los antiguos habrían advertido en todos estos fenómenos presagios de los que habrían tomado buena nota. ¿Y nosotros?

Visión de cuatro soles en un parhelio. Fotografía de Mireia Valls, 11 de septiembre de 2023


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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el día 23 de septiembre a las 08 horas y 50 minutos de hora oficial peninsular tendrá lugar el equinoccio de otoño (de primavera en el hemisferio sur), el instante del año en que el Sol cruza el ecuador celeste en su aparente desplazamiento hacia el sur, iniciado tras el solsticio de verano, y el día y la noche igualan momentáneamente su duración. El otoño tendrá una duración de 89 días y 21 horas, y terminará el 22 de diciembre con el solsticio de invierno.

Al comienzo de la estación, Saturno será el único planeta visible tras la puesta del Sol. A partir de noviembre hará su aparición Júpiter por el este, y en diciembre será visible Mercurio hacia el oeste en los lugares con horizontes llanos y libres de contaminación lumínica.

Y de madrugada podremos ver a Venus, Júpiter y Mercurio, aunque éste último sólo al inicio de la estación mientras que Júpiter dejará de verse en noviembre.

Durante el otoño de 2023 tendrán lugar dos eclipses, uno de Sol y otro de Luna. El de Sol ocurrirá el 14 de octubre y se mostrará como un eclipse anular en América. En España sólo será visible en las islas Canarias más occidentales, como un eclipse parcial y con magnitudes muy bajas. El eclipse de Luna, de tipo parcial, sucederá el 28 de octubre y estará a la vista en el este de América, Europa, África, Asia y Australia. En España comenzará aproximadamente a las 21 horas y 35 minutos de hora oficial peninsular y durará más o menos 1 hora y 20 minutos.

Crepúsculo sobre la Serra de Tramuntana (Mallorca).
Fotografía de Mireia Valls, 11 de septiembre de 2023


jueves, 31 de agosto de 2023

Oppenheimer, la película

  "Intentaremos ilustrar esta paradoja: la de que la Tradición Hermética está en el Origen de la Ciencia considerada esta última como aplicación a la realidad concreta de los principios herméticos y las doctrinas alquímicas y teúrgicas, y a la vez la de cómo la visión literal y racionalista se fue apoderando poco a poco del hombre de Occidente, quien ha transferido conocimientos de orden vertical a la parcialidad horizontal y así ha procedido indefinidamente a la deriva, al punto de amenazar su suerte".

Federico González, Hermetismo y Masonería

 


Cartel de la película Oppenheimer

Este impactante film de Christopher Nolan, estrenado recientemente, traza un interesante relato biográfico del físico norteamericano al que se considera el padre de la bomba atómica. El guion, escrito por el propio Nolan como el de otras de sus películas -Memento, Interstellar, Dunkerque, etc.-, se basa en una biografía publicada por Kai Bird y Martin Sherwin en 2005 con el sugerente título de American Prometheus

Aunque en nuestra opinión, el Oppenheimer que dibuja la cinta no tiene ningún tipo de relación con el titán que beneficia a los hombres restituyéndoles el fuego secuestrado previamente por Zeus (como castigo por el desvío de parte de las ofrendas debidas a los olímpicos), si bien el envidioso traidor de la película -el presidente de la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos- lo acusa precisamente de eso, de pretender ser reconocido como un nuevo Prometeo que pone el fuego de los dioses (en este caso, el poder de la energía atómica) en manos de la humanidad, y lo que es peor aún a su juicio, acaparando todos los honores por ello. Sin desconocer la dimensión solidaria del físico, que lo lleva a apoyar económicamente a la causa republicana durante la Guerra Civil española, el motor que lo mueve es, mucho más que el amor a los seres humanos, su enorme curiosidad científica acerca del comportamiento a escalas atómica y subatómica de la materia universal (el film comienza presentándonos a un joven Oppenheimer obsesionado por lo que sucede cuando una estrella del cielo deja de brillar y muere), a la que por supuesto considera como algo ajeno al alma y al espíritu del mundo conforme al paradigma de la física moderna, que los ignora. Por otra parte, si acepta encabezar el proyecto Manhattan para la construcción de una bomba nuclear no es en bien de la humanidad (¿cómo podría serlo el desarrollo de un arma de destrucción masiva?) sino porque el ofrecimiento de los militares estadounidenses le permite colaborar, con medios casi ilimitados, con los mejores físicos teóricos del momento, sus colegas, amén del aliciente de que los nazis hayan comenzado un proyecto secreto análogo (Oppenheimer era judío).

El equipo de aprendices de brujo (hubo un momento en que los científicos del proyecto Manhattan temieron que una explosión nuclear podría desencadenar la ignición de toda la atmósfera terrestre, pero simplemente decidieron seguir adelante esperando que no sucediese tal cosa) consigue dejar a punto sus dos primeras bombas, las tristemente famosas “Little Boy” y “Fat Man”, en 1945, si bien para entonces Alemania ya está a punto de rendirse ante los aliados. Truman, a la sazón presidente de los Estados Unidos (Roosevelt había fallecido unos meses atrás), toma entonces la decisión de lanzarlas sobre Hiroshima y Nagasaki para afirmar la supremacía militar estadounidense a escala planetaria y forzar la rendición de Japón. Al Oppenheimer vitoreado por su equipo y por el público americano en general por el éxito de sus ingenios le atormenta la muerte y la devastación que ha contribuido a causar, el aún mayor potencial destructivo de las bombas termonucleares de fusión en que algunos de sus colegas de proyecto han comenzado a investigar (Edward Teller tendrá lista la primera bomba H en 1952) y la carrera armamentística internacional que todo ello puede llegar a desencadenar. Por tal razón y con la esperanza de ser atendido por su reputación, pide (y logra) ser recibido en la Casa Blanca para pedir al presidente norteamericano que modere el desarrollo del programa de nuevo armamento nuclear. El clímax de la película es la escena en que Oppenheimer, emocionado, dice a Truman que tiene las manos manchadas de sangre, y éste le responde que sólo él como presidente es responsable del uso de las bombas atómicas. Acto seguido despide al científico y cuando éste abandona el Despacho Oval, prohíbe airado a sus ayudantes que le vuelvan a traer a “ese científico llorón”. 

Desde este momento, Oppenheimer utilizará toda su influencia y crédito para intentar que en la sociedad cale un juicio negativo acerca del desarrollo de nuevas armas nucleares, pero la Comisión de Energía Atómica de los EEUU maniobra en su contra acusándolo de filocomunista y consigue desprestigiarlo (era la época de la “caza de brujas” impulsada por el senador McCarthy). Apartado de la vida pública, regresa a sus clases en la universidad y no es rehabilitado hasta 1963, pocos años antes de su muerte. 

En definitiva, el Oppenheimer de Christopher Nolan es un fresco de un instante en el devenir en que la caída vertiginosa en que estamos inmersos por causas cíclicas se acelera de golpe, y de cómo los “sabios” de nuestro tiempo colaboran activamente en este extraño juego de destrucción cósmica, por cierto, desconociendo para quién trabajan en realidad. No se lo pierdan.



Arcano XVI del Tarot, "La Torre de destrucción"


lunes, 12 de junio de 2023

Donde el tiempo ordinario puede ser abolido

“Las fiestas, o sea los espacios significativos donde el tiempo ordinario puede ser abolido, son puntos simbólicos de coyuntura dentro de un tiempo monótono e insignificante y señalan en la sucesión del año lo que es el Tiempo en Sí al valorizarlo y reintegrarlo a un espacio originario; dicho de otro modo, no sería nada el Tiempo, su Ser, sin las fiestas, o espacios, especialmente señalados por su proyección o hálito, el movimiento, para comprenderlo o invocarlo. En estas 'estaciones' que hace el movimiento, el tiempo se reintegra, y es a la vez reintegrado por el rito humano a su Origen Arquetípico. Ya que no hay mayor logro de síntesis que vivenciar al Tiempo como si fuera Espacio; un solo y absoluto espacio vacío; pues si el movimiento que atestiguan los calendarios es la proyección espacial del tiempo, la absorción de éste en lo atemporal es semejante a 'finalizar el discurso sin haber movido la lengua' como reza el texto zen-budista.

Dos han sido siempre para todos los pueblos estas estaciones fundamentales donde el Sol parece detenerse en su recorrido anual y ellas marcan dos puntos extremos en una circunferencia; nos referimos a los solsticios, palabra en cuya etimología está implícita esta 'estación', este 'detenerse', esta invariable y periódica señal que divide al año en dos partes; y posteriormente en cuatro, con los equinoccios como puntos intermedios, estabilizándolo, enmarcándolo y estructurando todas las fiestas sucesivas”. (1)

Constelaciones animales del Códice de París. Imagen de Patricia Martín, Smithsonian Latino Center


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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el solsticio de verano (de invierno en el hemisferio sur) tendrá lugar el día 21 de junio a las 16 horas 58 minutos de hora oficial peninsular. La estación durará aproximadamente 93 días y 16 horas, y acabará el 23 de septiembre con el equinoccio del otoño.

Al comenzar el verano, Venus y Marte serán los únicos planetas visibles tras la puesta del Sol sobre el horizonte oeste. Venus se irá aproximando al Sol con el transcurso de la estación y dejará de verse a partir de primeros de agosto. Allí donde el horizonte sea llano, Mercurio podrá ser avistado tras el ocaso solar entre mediados de julio y mediados de agosto.

Júpiter será visible de noche durante todo el verano pero Saturno desaparecerá sumido en el brillo del alba a finales de agosto. Venus reaparecerá por el este poco antes de la salida del Sol en la segunda quincena de agosto y se podrá ver de madrugada en lo sucesivo. Mercurio comenzará a ser visible al alba hacia mediados de septiembre, precediendo al Sol.

Durante el verano de 2023 no se producirá ningún eclipse de Sol o Luna.


(1) Federico González, Simbolismo y Arte. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2004.


sábado, 18 de marzo de 2023

La primavera según Botticelli

Botticelli supo representar la esencia de la primavera en una magnífica obra simbólica que Lucrecia Herrera nos describe así (1):

Sandro Botticelli, La primavera (ca. 1480). Galleria degli Uffizi, Florencia

"Si vemos la pintura de frente tenemos por un lado a la derecha, a una trilogía de personajes que empieza con un alado Céfiro o Amor, de color azulado y con las mejillas hinchadas de viento, descendiendo con tal pasión sobre Cloris que dobla las ramas de los árboles por su ímpetu. Esta 'inocente ninfa', se ve sorprendida por él que trata de atraparla, y huye fundiéndose en Flora, que en realidad es Cloris transformada en la belleza por el contacto de Céfiro, y que anuncia la llegada de la primavera, vestida con un ropaje cubierto de flores que esparce sobre la tierra. En el centro, situada un poco más alta y más atrás que las demás figuras, la Diosa, la Venus terrestre, imagen de la Venus celeste, que deja pasar a Flora. En actitud de templanza y equilibrio extiende su mano derecha auspiciando otra trilogía, a la que pareciera que Flora se dirige, y que en realidad es una manifestación triádica de Venus, la cual nos muestra otro proceso, que acontece en su jardín lleno de frutos de oro, a otro nivel. Nos encontramos con las Tres Gracias, unidas en una danza circular entrelazadas por los brazos y manos. Las dos de los lados, forman un triángulo o 'nudo' por encima de la cabeza de la del medio, 'el justo medio' donde se concilian y unifican los opuestos. Por encima de Venus está Eros con los ojos vendados por una cinta (símbolo del amor ciego: la forma suprema del amor, el verdadero No-Saber, la 'docta ignorancia' de Nicolás de Cusa), pero a pesar de ello este pequeño sabe exactamente a quién y en qué lugar dispara su flecha flamígera. Mas allí está Venus, que 'atempera la pasión de esta danza y la mantiene dentro de los límites de un melodioso comedimiento', mostrando ser la imagen de una Venus superior. Al extremo izquierdo está Hermes-Mercurio, completamente raptado y ausente de lo que pasa a su lado. Armado con casco de guerra y grebas en sus piernas, con sandalias aladas, una espada atada a la cintura y en la mano derecha el caduceo (atributo propio de este dios) con el que aparta, penetra y desvela esas pequeñas nubes casi imperceptibles que se encuentran en lo alto, le vemos como 'divino amador', con una túnica roja con pequeñas llamas descendentes, en actitud totalmente concentrada y contemplativa".

O sea, que la primavera es cosa de dioses. Una sinfonía orquestada por la diosa del Amor y la Belleza con dos agentes, Eros y Céfiro, quienes proyectan sus respectivas energías sobre Cloris-Flora y las Tres Gracias desencadenando el dinamismo arquetípico que la estación revela en el plano de la existencia. Una actividad que es un ciclo ritual y no una mera agitación, ya que a ella también concurre el polo inmutable al que Hermes dirige su mirada apartando con su caduceo el follaje del jardín.

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La primavera boreal de 2023 dará comienzo con el equinoccio del 20 de marzo a las 22 horas y 24 minutos de hora oficial peninsular, según el Observatorio Astronómico Nacional. La estación durará aproximadamente 92 días y 18 horas, y terminará el 21 de junio con el solsticio de verano.

Al principio de la estación, Júpiter, Venus y Marte serán visibles tras la puesta de Sol, si bien el primero desaparecerá pronto por el oeste. Mercurio hará una breve aparición vespertina durante el mes de abril.

También al inicio de la primavera, Saturno será el único planeta visible al amanecer. A primeros de mayo, Júpiter aparecerá por el este, y durante el mes de junio también se podrá ver también, muy bajo sobre el horizonte, a Mercurio.

Habrá dos eclipses durante la estación, uno de Sol y otro de Luna. El primero tendrá lugar el 20 de abril y sólo será visible en el sudeste asiático y Oceanía. En cuanto al eclipse de Luna, de tipo penumbral, ocurrirá el 5 de mayo y se verá desde África, Asia y Oceanía.


(1) Lucrecia Herrera, Algunos aspectos de Venus. Revista SYMBOLOS nº 27-28, Barcelona, 2004.


jueves, 29 de diciembre de 2022

En la quietud del solsticio

 
Jano Bifronte. Museos Vaticanos


A Jano

En la quietud del solsticio eres invocado, oh Jano,
en el único y dilatado instante
en que se hace audible el llamado
que del Sí mismo brota
rompiendo el silencio con un humilde llanto.

Acepta mi ofrenda y ábrase tu corazón, la puerta,
la que mira de frente, la que mira a los ojos,
la que todo lo abarca y en eterno presente
transmuta mi pensamiento.

En el crujir de una rama o el murmullo del agua,
en el suave aleteo o el crepitar del fuego,
me reconozco y me entrego porque no hay mañana.

Tu mensaje está en el éter y se hacen eco los bardos
que la Eternidad cantan más allá de las palabras
para que la puerta se abra
y la visión trascienda lo que la vista engaña.

Nada queda pendiente
cuando en tu seno me acoges, oh Bifronte,
entre pasado y futuro,
ardiendo en tu ara toda sombra de vanidad.

No es hoy sino siempre:
allá donde me detenga y a lo inaudible preste oído
y erguido como tu herma cierre los ojos y vea
el camino que me indicas
sin más señas que el silencio.


(“Himno a Jano”. Del volumen Himnos del Agartha, con textos del Ateneo del Agartha e ilustraciones de Ana Contreras. Colección Aleteo de Mercurio nº 6, Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2019).


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El solsticio de invierno de 2022 (de verano en el hemisferio sur) ha tenido lugar el día 21 de diciembre a las 22 horas y 48 minutos de hora oficial peninsular, según el Observatorio Astronómico Nacional. La estación invernal durará 88 días y 23 horas, y terminará el 20 de marzo de 2023 con el equinoccio de primavera.

A comienzos del invierno podremos ver a Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno al anochecer. Mercurio desaparecerá del cielo a primeros de enero y Saturno a primeros de febrero, por lo que la estación acabará con sólo tres planetas visibles al anochecer. A mediados de enero, Mercurio hará una breve aparición al amanecer, mientras que Saturno comenzará a ser visible al alba en el mes de marzo.


domingo, 18 de septiembre de 2022

La horizontal celeste

Cada día el sol describe un arco de círculo en el cielo, emergiendo desde un punto hacia el este y poniéndose en otro lugar al oeste. En ausencia de relieve (o sea en un territorio llano, o bien mar adentro), la recta invisible que une ambos puntos resulta ser una horizontal paralela al plano que contiene al horizonte, al cual veríamos como una circunferencia perfecta de 360º de la que somos su centro.

Análogamente, en su viaje anual por la bóveda celeste, el sol recorre un círculo oblicuo (la eclíptica) con respecto al plano ecuatorial, “saliendo” o levantándose por encima de éste en el día del equinoccio de primavera y “poniéndose” en el equinoccio de otoño, efeméride a la cual nos aproximamos. La línea que une los puntos de intersección entre la trayectoria aparente del sol y el ecuador celeste es también una “horizontal celeste” que establece la orientación simbólica este-oeste sobre la esfera de las estrellas fijas, y la que une a los puntos solsticiales -perpendicular a la anterior-, la “vertical celeste” que traza la dirección norte-sur. En la antigua Mesopotamia, en la época en que el punto vernal estaba situado sobre la constelación de Tauro (hoy en Piscis), se consideraba que cuatro estrellas reales u “observadores celestes” custodiaban los brazos de esta cruz simbólica y los cuatro cuadrantes en que dividen al universo: Aldebarán (Tauro), relacionado con la primavera y el este, Régulo (Leo) con el verano y el sur, Antares (Escorpio) con el el otoño y el oeste, y Formalhaut (Pez Austral) con el invierno y el norte (1).

Planisferio celeste septentrional (Venecia, 1777).
La línea oblicua con respecto al contorno circular (ecuador celeste) es la eclíptica.

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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el equinoccio de otoño de 2022 tendrá lugar en la madrugada del día 23 de septiembre, a las 3 horas y 4 minutos de hora oficial peninsular. El otoño durará aproximadamente 89 días y 21 horas, y terminará el 21 de diciembre con el solsticio de invierno.

Al comienzo del otoño, Júpiter y Saturno serán los únicos planetas visibles tras la puesta de sol. A partir de diciembre harán su aparición Marte por el este y Venus y Mercurio por el oeste, de manera que la estación terminará con cinco planetas visibles al anochecer. En cuanto al amanecer, se podrán avistar Venus, Júpiter y Marte al inicio del otoño, pero los dos primeros dejarán de ser visibles con el paso de los días. Mercurio hará una breve aparición matutina en octubre, y a Marte ya no lo veremos a partir de mediados de diciembre, por lo que no habrá planetas visibles al alba cuando llegue el invierno.

En el otoño de 2022 habrá dos eclipses, uno de sol y otro de luna. El eclipse de sol tendrá lugar el día 25 de octubre alrededor las 9:30 de hora peninsular y será de tipo parcial. Será visible en Europa, noreste de África y oeste de Asia, y en España, en el nordeste peninsular y las islas Baleares pero con una magnitud baja (se ocultará menos del 10% del diámetro solar). El eclipse de luna sucederá el 8 de noviembre y será de tipo total; Se verá en Asia, Australia y América, pero no en España.

(1) Acerca del simbolismo de estas cuatro constelaciones, ver Marc García, Mitos del cielo estrellado. Colección Aleteo de Mercurio nº 7, Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.

lunes, 20 de junio de 2022

La cohesión interna del Sol

Las imágenes de la superficie del Sol que proporcionan los telescopios adaptados para su observación directa lo muestran como una esfera compuesta por millones y millones de glóbulos incandescentes en los que el gas caliente asciende desde el interior de la estrella hasta su superficie y vuelve a sumergirse en su seno, trazando celdas de convección vertical que pueden llegar a tener decenas de miles de kilómetros de altura.

Imagen de la fotosfera del Sol (autor desconocido)


Bien se podría decir que nuestro sol, como todas las estrellas análogas del universo, está permanentemente a punto de estallar y centrifugarse por efecto de tales agitaciones, desencadenadas en última instancia por la combustión del hidrógeno y su transformación en átomos de helio. Es ésta una reacción de fusión nuclear que disipa una cantidad ingente de energía, toda aquella que, de conservarse en la transformación de un elemento en otro, impediría que este último fuese estable.

Pero hay algo, que la física moderna denomina gravedad, que aglutina centrípetamente todo ese conjunto siempre al borde de la disgregación y mantiene su cohesión interna. Esa gravedad es una imagen del amor entre las partes, que no es otra cosa que su común vocación de converger en un centro que las atrae perennemente, un lugar en el que no hay más que unidad.

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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el solsticio de verano ocurrirá, en el hemisferio norte, el martes 21 de junio a las 11 horas y 14 minutos de hora oficial peninsular. La estación estival durará aproximadamente 93 días y 16 horas, y terminará el 23 de septiembre con el equinoccio de otoño.

A comienzos del verano no habrá ningún planeta visible tras la puesta de Sol, y sólo a partir de mediados de agosto se podrá observar a Saturno al anochecer sobre el horizonte este. Al término de la estación, Júpiter también hará su aparición por el este tras la puesta del Sol. Por el contrario, habrá cinco planetas visibles en el cielo antes de la salida del Sol: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. A medida que pasen los meses, los planetas se irán desplazando y al final de la estación sólo quedarán Venus, Júpiter y Marte brillando al amanecer.

Durante el verano de 2022 no se producirá ningún eclipse de Sol o de Luna.


viernes, 18 de marzo de 2022

Tiempo de prodigios

El equinoccio de primavera es un tiempo de prodigios. Al amanecer, la luz del sol equinoccial penetra en el interior de muchos dólmenes megalíticos iluminando sus estancias más internas. En Chichén Itzá, la sombra del dios pájaro-serpiente Kukulkán desciende serpenteando por la escalinata de su majestuosa pirámide. En la pequeña iglesia burgalesa de San Juan de Ortega, un rayo de luz solar se proyecta sobre el capitel románico de la Anunciación de María, preludio del nacimiento del Mesías. Y es que Perséfone, la virgen que había sido raptada por el dios del mundo de los muertos, es rescatada por su madre Deméter y el pastor de almas Hermes, y con su regreso a nuestro mundo renace la vida.

El capitel de la Anunciación iluminado en el equinoccio.
Iglesia de San Juan de Ortega (autor desconocido)

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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el equinoccio tendrá lugar el día 20 de marzo a las 16:33 de hora oficial peninsular. La primavera boreal durará aproximadamente 92 días y 18 horas, y terminará el 21 de junio con el solsticio de verano.

Tras la puesta del sol de primavera, el único planeta que resultará visible es Mercurio (allí donde el horizonte oeste sea llano y sin contaminación lumínica) y solamente entre mediados de abril y principios de mayo). Al amanecer podremos ver a Venus, Marte y Saturno durante toda la estación, y a Júpiter desde mediados de abril. Los cuatro planetas aparecerán alineados sobre el horizonte este.

Durante la primavera tendrán lugar dos eclipses, uno de sol y otro de luna. El primero se producirá el 30 de abril, será parcial y afectará solamente al hemisferio sur. El eclipse de luna tendrá lugar el 16 de mayo, será total y se verá en Europa, África y América. En España, la fase de totalidad comenzará a las 05:26 de hora oficial peninsular y terminará a las 06:50.


viernes, 17 de diciembre de 2021

La puerta de los dioses se abre

La iniciación en una vía de Conocimiento es vista por la Tradición como un segundo nacimiento del ser humano y es comparada al ingreso en una caverna. Esta gruta simboliza el conjunto de posibilidades de la manifestación universal y de ella se dice que tiene dos puertas: la “puerta de los dioses” y la “puerta de los hombres”. La puerta de los dioses, que es análoga a la clave de bóveda en el simbolismo del templo cristiano, es “superior” con respecto a la puerta “inferior” de los hombres, la cual es representada, por ejemplo en el simbolismo de la francmasonería, como un portillo imaginal a ras de suelo por el que el candidato a la iniciación es introducido en la logia con los ojos vendados.

Así, el neófito ingresa en la caverna iniciática a través de la puerta de los hombres y emprende un recorrido vital en el que irá conociendo lo que verdaderamente es y vivenciándolo -o sea, efectivizándolo- por medio de su identificación con ello. Con la herramienta del pensamiento y la ayuda imprescindible del símbolo, el rito y el mito, se irán desvelando en él los estados superiores de su ser hasta alcanzar la conciencia de unidad con el Ser Universal. O no, porque no es algo que dependa sólo de su voluntad ya que “el espíritu sopla de dónde quiere, y oyes su sonido, más no sabes de dónde viene ni a dónde va” (Jn 3, 8).

Y llegará el momento, el de su muerte física (o acaso antes), en que toque abandonar la “caja cubo multidimensional” en que un día penetró. Y puede que salga de ella por la misma puerta de los hombres que un día atravesó para emprender un nuevo ciclo en la realización de las posibilidades más altas de su ser, reingresando a la caverna cósmica en otro estado -pues nunca hay repeticiones en la manifestación-. Pero también cabe que salga por la otra puerta, la puerta de los dioses, que la Tradición relaciona por su carácter superior con el solsticio de invierno (así como la puerta de los hombres es relacionada con el solsticio de verano). Una puerta que han traspasado ancestros nuestros que, como los héroes míticos, han efectivizado su iniciación y han logrado autoparirse como dioses. Esa puerta, la del tercer y último nacimiento, conduce a la libertad definitiva de la disolución en lo Absoluto, Infinito y No Dual. Un ámbito inimaginable e incognoscible desde nuestra individualidad en el que no hay otridad ni nada acerca de lo que se pudiera decir algo. La posibilidad de acceder a él es la buena nueva que celebramos en el solsticio de invierno.


Puesta de sol en los días previos al solsticio de invierno de 2021 (Mallorca)

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Según el Observatorio Astronómico Nacional, el solsticio de invierno (de verano en el hemisferio sur) tendrá lugar el 21 de diciembre a las 16 horas y 59 minutos de hora oficial peninsular. La estación durará 88 días y 23 horas, y concluirá el 20 de marzo del año próximo con el equinoccio de primavera.

En el solsticio, el cielo del ocaso estará dominado por Venus, Mercurio, Saturno y Júpiter, pero irán desapareciendo paulatinamente a lo largo de la estación. Venus lo hará a primeros de enero, Mercurio y Saturno a mediados del mes y Júpiter a mediados de febrero, de modo que en marzo no habrá planetas visibles al anochecer. Al amanecer, Marte será visible en enero, Venus desde mediados del mes, y Mercurio y Saturno a partir de febrero.

Durante el invierno no se producirá ningún eclipse.


Alineación de Venus, Saturno y Júpiter en un crepúsculo próximo al solsticio de invierno de 2021 (Mallorca)