domingo, 1 de febrero de 2015

Tauro

Las constelaciones zodiacales del toro y los gemelos flanquean a Orión en el cielo de invierno. Cuenta Eratóstenes sobre Tauro que pasó a formar parte de la bóveda celeste por haber llevado a la princesa Europa desde Fenicia hasta Creta atravesando el mar. Explica el mito que el toro era el propio Zeus, quien se había metamorfoseado para poder aproximarse a la virgen fenicia. Un día en que Europa estaba recogiendo flores cerca de la playa, vio al animal bañándose y se quedó prendada de él. Acercándosele, le acarició los costados y viendo que era manso, se encaramó a su lomo. Habiéndose montado la doncella en el toro, éste la raptó nadando velozmente hacia mar abierto. Al llegar a Creta, Zeus reveló su identidad a Europa y ella se convirtió en la primera reina de la isla. Los hijos de Zeus y Europa fueron Minos, Radamantis y Sarpedón.

La constelacion de Tauro (Urania's Mirror, Londres, ca. 1825)

Eratóstenes recoge también la tradición según la cual la constelación de Tauro sería una vaca réplica de Io, hermosa muchacha de la ciudad de Argos de la que se enamoró Zeus y a la que transformó en una ternera blanca para salvarla de las iras de la celosa Hera. Añade el autor que las Híades, el cúmulo de estrellas que envuelve el hocico de Tauro, son unas ninfas de Dodona que criaron como nodrizas a Dioniso y que “entregaron al niño a Ino, por miedo a Hera, cuando Licurgo se puso a perseguirlas porque estaban en compañía del dios y se dedicaban a cultivar la vid.” En el mundo romano, Tauro estaba consagrado a Baco; durante las festividades del dios, se llevaba un toro ornado por guirnaldas de flores en torno al cual bailaban muchachas que representaban a las Híades y a sus hermanas las Pléyades.

En el antiguo Egipto se identificó a Tauro con Osiris, representado como un dios-toro, y también con Isis, la cual era figurada como una diosa-vaca. En la tradición hebrea se relacionaba a la constelación zodiacal con un buey y en Persia, con el toro de Mitra.

A Tauro se le reconoce principalmente por Aldebarán, la estrella gigante roja, fría y muy antigua que luce en uno de los ojos del toro, así como por el cúmulo de las Pléyades que se encuentra en el lomo del animal. Las Pléyades eran hijas de Atlas, y se dice que Artemisa las elevó al cielo para que pudiesen escapar de la persecución amorosa de Orión. En la antigüedad griega se les llamaba heptásteras, siete estrellas, aunque una de ellas es muy tenue y sólo se divisan seis Pléyades a simple vista. Eratóstenes cita que estas últimas se unieron a dioses mientras que aquélla se desposó con un mortal. Arato escribe que los nombres de las siete Pléyades son Alcíone, Mérope, Celeno, Electra, Estérope, Taígete “y la venerable Maya”, la madre de Hermes, y que “son  célebres por dar vueltas tanto por la mañana como por la tarde, gracias a Zeus, que las hizo señalar el comienzo del verano y del invierno y la llegada de la labranza.”

Las Pléyades en el manuscrito Aratea (s. IX).
Biblioteca de la Universidad de Leiden, Holanda.

domingo, 18 de enero de 2015

Constelaciones del Triángulo de invierno

El Triángulo de invierno está formado por tres estrellas de primera magnitud -Betelgeuse, Sirio y Proción- que pertenecen respectivamente a las constelaciones de Orión, Can Mayor y Can Menor y se disponen sobre los vértices de un triángulo aproximadamente equilátero superpuesto a la Vía Láctea. La antigua, fría y roja Betelgeuse ocupa un hombro de Orión; la luminosa, fulgurante y multicolor Sirio se encuentra sobre el hocico del Can Mayor; y la blanca Proción adorna un costado del Can Menor.

Can Mayor


Los griegos visualizaron a esta constelación como un perro alzándose sobre sus patas traseras. Relata Eratóstenes que era un can de Orión, que siempre lo acompañaba cuando salía de caza ayudando a todos los cazadores con el mismo empeño, y que fue elevado al firmamento tras la ascensión de su dueño ya que nunca se separaba de él. Cita el astrónomo de Cirene también otra tradición según la cual dicho animal era el perro guardián de Europa y fue obsequiado al rey Minos junto con una lanza. Minos ofreció estos regalos a Procris en agradecimiento por haberlo curado de una enfermedad y Céfalo, certero cazador desposado con Procris, acudió con ellos a Tebas para poder dar caza a una zorra de la que se había dicho que nadie sería capaz de matarla. Tanto el can como la zorra fueron elevados a los cielos por Zeus.

Las constelaciones de la Liebre y el Can Mayor en una carta de Urania's Mirror. Londres, ca. 1825.


Escribe Manilio en sus Astronomica que el Can Mayor es “el más violento de los astros para la tierra cuando sale y el más perjudicial cuando se pone. Cuando se levanta está rígido por el frío, y, cuando deja el radiante cielo, éste se halla abierto al calor del sol: de esta forma mueve el universo en ambos sentidos produciendo efectos contrarios”.

Sirio es la estrella más brillante del Can Mayor. Su nombre deriva del griego seírios, "resplandeciente”, y es más luminosa y de mayor tamaño que nuestro Sol. Para los egipcios -quienes la denominaban Sothis-, este lucero estaba relacionado con Isis y su orto helíaco (esto es, su primera aparición antes de la aurora tras varios meses sin ser visto) señalaba el comienzo del año, anunciando la crecida del Nilo y los “días caniculares” o del can, cuarenta jornadas al inicio del año sotíaco que coincidían con el período más caluroso del verano.

En China, Sirio era conocido como Thien Lang -el “lobo celestial”- y se consideraba una estrella de mal augurio pues cuando brillaba mucho presagiaba el ataque de los lobos. Así mismo, es venerado en el Tíbet. Los pueblos dogón de Mali se han referido desde antiguo a una estrella compañera de Sirio (la pequeña Sirio B con la que Sirio forma un sistema doble) a la que llaman Po, “la estrella más pesada”, con cuya órbita elíptica de 50 años establecen períodos de carácter ritual.

Can Menor


La antigüedad griega denominaba a este asterismo tal como hoy en día se designa a su estrella principal, Proción, viendo en él a otro perro de caza del gigante Orión. Proción quiere decir literalmente “delante del perro” y su nombre se debe, según explica Eratóstenes, a que el orto y el ocaso de la constelación anteceden a los del Perro o Can Mayor.

Al igual que Sirio, Proción es una estrella binaria o doble.

viernes, 2 de enero de 2015

Orión

Orión es la reina de las constelaciones del cielo de invierno. Se distingue muy fácilmente por siete estrellas brillantes dispuestas según una forma parecida a la de una mariposa de las que tres corresponden al cuerpo y cuatro a las alas.

Orión en el cielo visible en las noches de invierno a latitudes boreales intermedias
(la línea a trazos superpuesta a la Vía Láctea indica el Triángulo de Invierno).
Ilustración de la Guía del Cielo 2014, de Ed. Procivel

La antigüedad siempre ha asociado a Orión con un coloso. Cuenta Eratóstenes en sus Catasterismos, recogiendo a su vez el relato de Hesíodo, que Orión era hijo de Poseidón y de Euríale (hija por su parte del rey Minos) y que tenía el don de caminar tanto sobre la tierra como sobre las aguas. Aconteció una vez que Orión viajó a la isla de Quíos, una tierra famosa por sus vinos regentada por Enopión, hijo de Dioniso y Ariadna. Estando allí, Orión se emborrachó y violó a Mérope, la hija del rey. Enopión, enfurecido por el atrevimiento de Orión, dejó ciego a éste y lo expulsó a la isla de Lemnos. Hefesto se compadeció de Orión en su destierro y le entregó al esclavo Cedalión para que le sirviese como lazarillo.


Orión tomó a Cedalión sobre sus hombros y con su guía se dirigió hacia el oriente. Curado allí de su ceguera por Helios, Orión regresó a Quíos dispuesto a vengarse de Enopión; pero los conciudadanos de éste lo habían escondido bajo tierra y el héroe hubo de desistir de su propósito. Acto seguido, Orión se marchó a Creta y se entregó a la caza junto a Artemisa y a su madre Leto. En una ocasión, se jactó de que sería capaz de dar muerte a cualquier animal vivo de la Tierra. Gea se irritó por ello e hizo que apareciera un gigantesco escorpión, el cual picó a Orión y lo mató. Eratóstenes también dice que, según otras tradiciones, Orión se enamoró de Artemisa y que fue ésta quien hizo aparecer al escorpión. Zeus elevó a Orión y al escorpión al firmamento en recuerdo de lo sucedido, y de ahí que la constelación de Escorpio se levante por el este persiguiendo a Orión cuando dicho asterismo se pone por el oeste.

La constelacion de Orión como una de las 32 cartas coloreadas de Urania's Mirror
Impresas por Sidney Hall y publicadas por Samuel Leigh, Londres, ca. 1825.
Museos Nacionales de Escocia.

Los egipcios veían en la constelación de Orión una representación simbólica de Osiris. En la Tradición hebrea se relaciona a Orión con el gigante Sansón. En China, a Orión se le conoce como Tsan, cazador y guerrero.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Acerca del solsticio de invierno

El Sol está a punto de entrar en el signo astrológico de Capricornio. Mañana, a las 23 horas y 3 minutos de tiempo universal (en la España peninsular, a las 00:03 de la madrugada del lunes 22 de diciembre de 2014), la estrella central que rige nuestros días y años alcanzará el solsticio de invierno tras un periodo de seis meses de disminución ininterrumpida de la altura de su órbita sobre el horizonte. Este hecho ocurre en el día del año con menos horas de sol y en esta ocasión, igualmente, en la noche más oscura del mes ya que la efeméride de Luna nueva tendrá lugar a las 01:36 TU (02:36 horas de tiempo peninsular) de la misma madrugada del 22 de diciembre.

Salomon Trismosin, Splendor solis (1582)

En un momento así, de tremenda oscuridad, es cuando el Sol va a detener su caída para iniciar, invicto, un camino ascendente. Este fenómeno no es solamente una ‘curiosidad astronómica’ (que también lo es) sino un hecho de una trascendencia extraordinaria por su significación, pues el solsticio de invierno es la proyección sobre el plano zodiacal del cenit o polo norte de la Caverna cósmica.

Que el Sol alcance el solsticio invernal simboliza que se abre el pasaje que conduce a los Grandes Misterios, la escotilla por donde se escapa a un ámbito ilimitado e incondicionado más allá del Cosmos. A un no-espacio y no-tiempo que es la matriz de todo lo que ha venido al ser. Al ámbito de la Realidad Absoluta y la Libertad Suprema.

Así lo han considerado tradiciones milenarias como la hindú, para la cual la puerta que abre el semiciclo anual ascendente del Sol (dakshinàyana) es una “puerta de los dioses” que jalona el deva-yâna, la “vía de los dioses”. Se trata de una salida del lugar donde se desarrolla la Manifestación siguiendo un recorrido en el que ya no hay retorno al mundo manifestado, a diferencia de la salida por el pitr-yâna o “vía de los antepasados” –asociada a la “puerta de los hombres” y al solsticio de verano– que conduce a un nuevo estado de manifestación.

Esta “salida definitiva” es la meta final de cualquier iniciación en los Misterios. El ser que ha entrado por la “puerta de los hombres”, habiendo efectivizado su iniciación, debe pasar por la “puerta de los dioses” en su viaje definitivo hacia el Infinito, cruzando el umbral por el que transitan “los seres que tienen acceso a los estados supraindividuales”. Pero por esta puerta también se pueden producir “entradas” excepcionales: un “descenso voluntario al mundo manifestado” de un ser “liberado” de todo condicionamiento, o la de entidades que representan “la expresión directa de un principio supracósmico (…). Haremos notar solo que se puede comprender fácilmente así la razón por la cual el nacimiento del Avatâra se considera como ocurrido en la época del solsticio de invierno, época que es la de la fiesta de Navidad en la tradición cristiana”. (1)

(1) René Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, caps. XXXIV y XXXV: “La salida de la caverna” y “Las puertas solsticiales”.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Las casas zodiacales

[ Textos extraídos de: Federico González y colaboradores, Introducción a la ciencia sagrada. Programa Agartha. Revista Symbolos, 25-26. Barcelona, 2003. http://introduccionalsimbolismo.com ]


"Así como hemos visto al zodíaco en su ciclo anual, dividido en doce signos mensuales, también podemos verlo en un ciclo diario en el que la rueda zodiacal hace un recorrido aparente completo al girar la Tierra alrededor de su propio eje. Algunos astrólogos consideran que durante las veinticuatro horas que siguen al nacimiento de una persona se reflejará toda su vida. Para hacer las observaciones dividen la rueda del zodíaco en doce Casas y hacen corresponder dos horas a cada una de ellas. Esto determinará el signo ascendente y descendente del individuo y diversos aspectos de su personalidad. Debe tomarse en cuenta, al realizar el cálculo de la Casas, la latitud del lugar de nacimiento, el día del año y la hora del día. Las Casas no son, como los signos, de 30° exactos, sino que oscilan entre los 17° y los 60°.

Damos a continuación los nombres de las doce Casas; pero repitamos que lo fundamental es el conocimiento de los principios, de los que derivan las manifestaciones particulares.

I. Vita: es la casa del nacimiento que indica las particularidades, tendencias, talentos y potencialidades del individuo.

II. Lucrum: se refiere al plano material, los bienes, riquezas y adquisiciones, así como a la alimentación y al mundo físico.

III. Frates: casa de los hermanos, y también de la educación, la instrucción y de la adaptación al medio. Se relaciona con viajes menores.

IV. Genitor: es la casa de los padres y de las características heredadas del medio familiar y social. Se refiere también al patriotismo y a las sucesiones.

V. Filii: esta casa está relacionada con los hijos, y en general con lo que el individuo produce, crea y engendra.

VI. Valetudo: casa de los súbditos, los esclavos y los animales domésticos, lo es también del trabajo, los deberes y las obligaciones.

VII. Uxor: se refiere al matrimonio, los afectos y las uniones, y también a las alianzas y las asociaciones.

VIII. Mors: es la casa de la muerte y las grandes transformaciones. Lo es también de la descomposición y la putrefacción.

IX. Peregrinationes: casa de las peregrinaciones y grandes viajes, está relacionada con la espiritualidad, la filosofía, la religión y el misterio.

X. Regnum, Honores: se relaciona con los objetivos, las dignidades y la gloria, así como con la profesión, las ambiciones y las recompensas.

XI. Amici benefacta: casa de los amigos, benefactores y admiradores.

XII. Inimici: en esta casa se ven los enemigos ocultos, la prisión, el exilio, así como las enfermedades, debilidades y dolencias."

sábado, 29 de noviembre de 2014

Regentes, dignidades y aspectos

[ Textos extraídos de: Federico González y colaboradores, Introducción a la ciencia sagrada. Programa Agartha. Revista Symbolos, 25-26. Barcelona, 2003. http://introduccionalsimbolismo.com ]


"Todos los planetas realizan un recorrido aparente por la rueda del zodíaco, y la duración de ese recorrido es la que determina el ciclo particular de cada uno de ellos, siendo claro el de los dos llamados luminares, el Sol y la Luna, que producen los ciclos anuales y mensuales. Las influencias que estos planetas ejercen en la Tierra varían según se encuentren en una u otra casa zodiacal, pues las cualidades de estos signos pueden ser afines, indiferentes u hostiles a los diversos influjos planetarios.

En el transcurso de un año la rueda celeste de las constelaciones zodiacales realiza un recorrido de 360 grados, completando un ciclo.

El movimiento aparente de esta rueda tiene una dirección inversa a la del desplazamiento del Sol sobre el zodiaco, que es retrógrado. Siguiendo el modelo cíclico sobre el que hemos trabajado, en los gráficos que vemos a continuación se representa, a la izquierda, la rueda de los signos en el cielo tal como se ve mirando hacia el norte. Capricornio corresponde al invierno (es cuando el Sol entra en este signo que da comienzo la estación), Aries a la primavera, Cáncer al verano y Libra al otoño. En el segundo gráfico se muestra la rueda zodiacal con una orientación solar, es decir, tal como la vería un observador mirando hacia el meridiano. Capricornio y Cáncer se hallan en la misma posición, pero el movimiento aparente de los signos es en sentido horario.


Como por el movimiento de rotación de la Tierra, la rueda zodiacal da una vuelta completa en 24 horas, también podemos hacer corresponder este mismo simbolismo con el ciclo del día. En este caso se relaciona simbólicamente a Capricornio con la medianoche, a Aries con el amanecer, a Cáncer con el verano y a Libra con el atardecer.

Ya hemos hecho la advertencia de que, para nuestros estudios y cálculos astrológicos, únicamente utilizaremos los siete planetas tradicionales, con exclusión de Urano, Neptuno y Plutón, ya que estos tres últimos han sido introducidos recientemente y los estudios sobre los mismos son incompletos.

Cada planeta tiene uno o dos signos zodiacales que constituyen su domicilio, y se dice que ellos rigen o gobiernan estas constelaciones pues sus influencias son armónicas y complementarias. Según se desprende del siguiente esquema, los luminares tienen un sólo domicilio, mientras que los otros cinco planetas tienen dos, uno diurno y otro nocturno.
Si el planeta se encuentra en el signo opuesto al de su domicilio, se dice que está en exilio, siendo sus influencias contrarias o desfavorables. Además, cuando la influencia planetaria es afín a la del signo en que se encuentra, se dice que el planeta está en exaltación, y cuando está en el opuesto sus energías son hostiles y el planeta se halla en caída. Esto se comprende mejor con el siguiente cuadro:

PLANETAS
DOMICILIO
EXILIO
EXALT.
CAIDA
SOL
Leo
Acuario
Aries
Libra
LUNA
Cáncer
Capricornio
Tauro
Escorpio
MERCURIO
Géminis-Virgo
Sagit.-Piscis
Acuario
Leo
VENUS
Tauro-Libra
Escorpio-Aries
Piscis
Virgo
MARTE
Aries-Escorpio
Libra-Tauro
Capricornio
Cáncer
JUPITER
Sagitario-Piscis
Géminis-Virgo
Cáncer
Capricornio
SATURNO
Capric.-Acuario
Cáncer-Leo
Libra
Aries

Algunos astrólogos, como Ptolomeo, colocan la exaltación de Mercurio en Virgo y su caída en Piscis."

*
*    *

"Para realizar los cálculos astrológicos, además de advertir en las influencias que ejercen los planetas en los distintos signos zodiacales, es importante también reparar en las relaciones que ellos tienen entre sí, en vista de que existe una constante conexión interplanetaria, tal como podemos observar en el Arbol Sefirótico y en los simbolismos de la mitología.

Para la confección del horóscopo también es necesario tomar en cuenta que los planetas se interrelacionan de una u otra manera según los lugares en que se ubiquen dentro de la rueda zodiacal y las distancias y proporciones en que se encuentran los unos con respecto a los otros. Esto determina lo que en Astrología se llama los aspectos planetarios, entre los que destacan los siguientes:

Conjunción: dos planetas están en conjunción, cuando se encuentran juntos, en el mismo grado de longitud en la eclíptica. En general se considera una influencia constructiva.

Oposición: cuando están separados 180º, dividiendo al círculo por la mitad, el aspecto es inverso al de la conjunción y se llama oposición, aspecto que en general se considera 'maléfico', productivo de fricción.

Trígono: este aspecto es el que producen dos planetas separados entre sí por 120º, dividiendo al círculo en tres partes. Se lo considera el más favorable de todos, y junta a dos planetas en signos que corresponden al mismo elemento.

Cuadratura: si la separación entre ambos planetas es de 90º, se dice que están haciendo cuadratura, aspecto que se juzga como el más desfavorable, aunque muchas veces se trata nada más que de una prueba severa cuya superación se hace necesaria.

Sextil: es el aspecto que se produce cuando están separados 60º, considerado 'benéfico', generador de actividad y cambios. Los planetas en este caso se encuentran en signos armónicos.

Quincuncio: a 150º de separación se produce este aspecto, considerado en general inconexo y contradictorio.

Existen también otros aspectos de menor importancia, que omitimos mencionar. Las distancias que se dan aquí indican el aspecto en su punto exacto e ideal. La influencia puede producirse aunque las distancias difieran un poco de la indicada (a veces hasta 5 y 10 grados de diferencia). Debe advertirse además que las calificaciones que se otorgan a los distintos aspectos, de 'benéfico' o 'maléfico', lo son en términos generales, y que para determinarlos precisamente es necesario observar el mapa zodiacal en conjunto. Un aspecto 'maléfico' puede redundar en 'beneficios' y viceversa."

domingo, 2 de noviembre de 2014

El simbolismo planetario

[ Textos extraídos de: Federico González y colaboradores, Introducción a la ciencia sagrada. Programa Agartha. Revista Symbolos, 25-26. Barcelona, 2003. http://introduccionalsimbolismo.com ]


"El modelo del Arbol de la Vida Sefirótico ordena de manera prototípica las fuerzas verdaderas que constantemente producen el hecho creacional, o sea el descenso de las emanaciones espirituales que conformarán posteriormente aquello que vulgarmente llamamos materia, o plano físico, o hylico. Por lo tanto merced a la familiarización con estas energías, es decir con su aprehensión, se puede ir tejiendo el sentido analógico de vibraciones y correspondencias que mantienen ligado al Universo entre sí en sus aspectos visibles e invisibles, materiales o inmateriales, con el propósito de ir ascendiendo a otros planos de identificación con el Ser Universal por medio de los vehículos herméticos y la doctrina tradicional. A continuación ofrecemos otras correspondencias astrológicas y alquímicas del diagrama. También incluimos en él a En Sof (Sin Fin), que se halla por encima de Kether, simbolizando el No-Ser, lo auténticamente metafísico y supracósmico, incluso lo no manifestado ni siquiera como Principio.

Con el objeto de ir 'cargando' las esferas del Arbol de la Vida, con ideas que sirvan de soporte a la meditación y promuevan la realización, queremos ir agregando algunos elementos referidos a sus relaciones astrológicas, que nos ayudarán a comprenderlos mejor. Ellas están vinculadas con las nueve esferas de la cosmogonía tradicional, siete de ellas correspondientes a los planetas."



"En Sof, el No-Ser, asimilado por los cabalistas muchas veces a la Nada supraesencial, es decir, a la Vacuidad, se encuentra más allá del firmamento, y a él se llega atravesando a Kether, al que puede atribuirse el simbolismo de la estrella polar, como Puerta de los Dioses, verdadera piedra filosofal de la que pende la plomada del Arquitecto del Universo. Este astro reina en el empíreo, sitio del fuego puro y eterno, lugar del cielo en que los arcángeles, ángeles y bienaventurados gozan de la presencia perenne de la Suprema Deidad, pues en él converge el eje central, siendo las estrellas fijas e incorruptibles asimiladas a Hokhmah. A Binah se le relaciona con Saturno o Cronos, el Tiempo Vivo y siempre presente, que devorando a sus hijos, la creación entera, la regenera perennemente y hace posible que los seres manifestados regresen a su inmanifestada morada eterna, siendo éste el padre de Zeus o Júpiter –Rey del Olimpo– que como Hesed gobierna y legisla la Creación entera. Gueburah, el riguroso destructor, es asimilado a Marte, dios guerrero. Y Tifereth, la Belleza divina, Centro de Centros, se relaciona claramente con el Sol, dador de la vida, luz y calor, a través del cual accedemos a aquellos mundos superiores.

Los tres planetas interiores, que se encuentran con respecto a la Tierra más cercanos que el Sol, y cuyos ciclos son más rápidos, son colocados en el mundo de Yetsirah, y se relacionan con las esferas de este plano. Netsah, como ya sabemos, corresponde a Venus, diosa del Amor, amante de Marte, a quien 'desarma' por el delirio pasional. Ella, como las Musas y las Gracias, es inspiradora de los artistas, y da la victoria a los que la comprenden, siendo entonces emisaria de la belleza y de la unión. Hod es relacionado con Hermes-Mercurio, el rápido mensajero alado de los dioses, que distribuye en la Tierra sus enseñanzas y señales. Se lo ve representado con alas en los pies, que se refieren a su velocidad y a su relación con lo que vuela. Y asimismo con el símbolo del Caduceo, las dos serpientes que ascienden por el eje vertical, las que tienen un par de alas que nos indican su aspecto volátil. Este último ha pasado a ser el símbolo de la medicina, pues como dijimos Hermes-Mercurio –y los dioses, ángeles y espíritus que se le relacionan– ha sido siempre considerado como un médico de cuerpos y almas, el curandero divino, promotor de los ritos y la muerte iniciática, gracias a la cual recuperamos la salud. Finalmente, a Yesod se le asigna la Luna, la reina de la noche, que unánimemente ha sido vinculada con la madre celeste, la ilusión de las formas, las aguas inferiores y los mares –así como con todos los líquidos– y sobre todo con la fecundación y la fertilidad que se concreta en la Tierra."

*
*    *

"Van aquí algunas características acerca de los siete planetas que, como acabamos de ver, se articulan perfectamente en el diagrama cabalístico:


SATURNO: Saturno es el planeta más alejado de la tierra, pero también el más elevado. En la astronomía judiciaria (Astrología) se lo suele ver como lento (efectivamente lo es) y pesado (la Alquimia lo equipara al plomo), y por lo tanto se lo asocia a la vejez en sus aspectos negativos, en oposición con la agilidad y ductibilidad de Mercurio. Sin embargo, y pese a que las vibraciones de este astro son percibidas psicológicamente como un estado de melancolía y desasosiego espiritual, es el preámbulo a realizaciones profundas, ligadas a lo que está más allá, a lo más elevado, misterioso y oculto. La experiencia y la inteligencia son algunos de sus atributos, a los que debemos relacionar igualmente con la ancianidad, e inclusive con la Antigüedad. Todos los planetas tienen un aspecto maléfico y otro benéfico, al igual que cada una de las sefiroth: una mitad luminosa que mira a Kether, y otra oscura que mira a Malkhuth.


JUPITER: Entidad benéfica y generosa. Padre de los dioses e hijo de Saturno, esta precedencia nos está dando no sólo la idea de energías que se establecen jerárquicamente, sino también la de un orden invariable. Alimenta constantemente la hoguera de la vida y sus efluvios regeneradores procrean de continuo nuevos seres, ideas y cosas, sin más limitaciones que el ejercicio que a veces provee con su arma: el rayo.


MARTE: Marte destruye en el escenario del Mundo todo lo que ya es inútil e innecesario, aunque a simple vista no sea siempre claro su papel regenerador. Dios de la guerra, imprescindible para una perpetua renovación universal, su influencia puede advertirse no sólo en las luchas humanas sino igualmente en las perpetuas batallas macrocósmicas.


SOL: Es el intermediario directo entre lo inmanifestado y la manifestación. Su energía, que extrae de lo más oculto de las posibilidades del cielo, es proyectada sobre el plano de la creación, produciendo todas las cosas manifestadas, de las que es el Padre a nivel creacional, el hombre incluido. Su energía radiante y ubicación central es imprescindible para la vida, a la que sella y conforma.


VENUS: Conocida diosa del Amor, se encarga nada menos que de unir los fragmentos dispersos del ser y el universo. En su aspecto más alto se relaciona con los misterios espirituales y místicos del amor, y el coito con los dioses. Su aspecto más bajo se halla en relación con la personalidad y se expresa por la posesión del otro y la energía genital.


MERCURIO: Emisario de los dioses, sus energías son asimiladas por los mortales como revelaciones que su versatilidad imprime en la inteligencia. Es por lo tanto un iniciador y su rapidez mental –plata viva– le permite valorizaciones intuitivas inmediatas que a veces pueden complicarnos; recuérdese asimismo que es el númen de charlatanes, comerciantes, e incluso ladrones.


LUNA: Astro evidente y nocturno, está relacionado con la Tierra –de la que ella es una imagen celeste–, la fecundación y la potencia esencial de los efluvios vitales. Su identificación con las aguas y la oscuridad resulta sencilla de comprender. Preside la noche, y su débil luz, y la periodicidad de sus ciclos, nos anuncian la presencia de otras realidades ocultas, más allá de los fenómenos psíquicos que constituyen su reinado.


TIERRA: En ella maduran las energías de los astros que concretan la 'materia' del mundo. Es por lo tanto símbolo de la densidad y de la atracción de la gravedad hacia lo bajo. En su seno bullen energías análogas a las de las estrellas y en su cráter se cocinan las cosas más evidentemente substanciales."