sábado, 10 de junio de 2017

Libra y Escorpio

Los griegos denominaban “Pinzas” al conjunto de estrellas que integran la constelación de Libra porque veían dicho asterismo como las extremidades de un enorme escorpión que ocupaba dos signos zodiacales, el de las Pinzas y el de Escorpio. Fue en la época de Julio César cuando Libra recibió el nombre con el que ha llegado a nuestros días, recuperando así el significado que se le había atribuido en la antigua Mesopotamia (allí era llamada Balanza). Una razón que posiblemente influyó en la denominación que le dieron los romanos es el hecho de que, en el siglo I a.C., la llegada del Sol a la constelación coincidía sensiblemente con el equinoccio de otoño (primavera en el hemisferio austral), momento del año en que el día y la noche equilibran su duración. La báscula de Libra era un atributo de la diosa Astraea, diosa de la justicia análoga a la griega Diké y relacionada, como ya vimos, con la vecina Virgo.

Escorpio y Libra.
Cayo Julio Higino, Poeticon Astronomicon. Edición veneciana de 1485


El mito que evoca la constelación de Escorpio es el del animal que dio muerte al cazador Orión. Higino lo narra del siguiente modo: “Cierto día que Orión estaba cazando, y en esa práctica se consideraba muy instruido, dijo a Diana y a Latona que él podría matar todo lo que naciera de la Tierra. Por ese motivo, la Tierra, indignada, envió un escorpión para matarlo. Júpiter, admirado por el valor de ambos, colocó el escorpión en el cielo, para que su imagen advirtiera a los hombres de que nadie confiara en sí mismo bajo ningún concepto. En cuanto a Diana, gracias al empeño de Orión, pidió a Júpiter que, ante su demanda, le concediera el mismo beneficio que por voluntad propia le había concedido a la Tierra. Así pues, quedó también representado en el cielo, de modo que cuando surgía el Escorpión, Orión se ponía”.

La estrella más brillante de Escorpio, la roja y muy brillante Antares (=“rival de Ares”), es también llamada Cor Scorpii, “corazón del escorpión”.

Cornelius cita una tradición maorí según la cual Escorpio representa el anzuelo del héroe Maui. “Un día, cuando estaba pescando, Maui capturó y sacó del agua un pedazo de tierra. Los bordes de este fragmento de tierra se serraron y llegaron a tener entradas tan profundas que se partió en dos. Y así fue como se creó Nueva Zelanda. El anzuelo se separó de la tierra con tanta fuerza que voló hasta el cielo donde ha permanecido desde entonces.”

lunes, 5 de junio de 2017

Virgo

Según Eratóstenes, esta constelación es una imagen de Diké, “Justicia”, de quien Hesíodo nos dice que es hija de Zeus y de la titánide Temis, la madre de las estaciones y profetisa heredera del oráculo de Delfos -legado por su progenitora Gea- generaciones antes de que éste fuera entregado al olímpico Apolo. Son hermanas de Diké las Horas, diosas del orden del universo, Eunomia (etimológicamente “la buena Ley”) e Irene (“aquella que trae la Paz”).

Arato cuenta sobre Diké que “antes vivía en la tierra y venía abiertamente a presencia de los hombres, y no desdeñaba la compañía de los antiguos, hombres o mujeres; antes bien, se sentaba mezclándose con ellos aunque era inmortal. Y la llamaban Justicia: pues congregando a los ancianos en una plaza o en una calle espaciosa, los exhortaba a votar leyes favorables al pueblo. Entonces los hombres todavía no sabían de la funesta discordia, ni de las censurables disputas, ni del tumulto del combate; vivían sencillamente; el peligroso mar quedaba a un lado, y las naves no iban lejos a buscar el sustento, sino que los bueyes, el arado y ella misma, la Justicia soberana de pueblos, suministraba todo abundantemente, ella, la dispensadora de bienes legítimos. Esto duró mientras la Tierra aún alimentaba a la raza de oro. Mas con la de plata, poco y de mala gana se relacionaba, pues echaba de menos la manera de ser de los pueblos antiguos. Pero a pesar de ello, todavía estaba presente durante la edad de plata: al atardecer descendía de los montes rumorosos, solitaria, y no se comunicaba con nadie con palabras amables, sino que cuando había cubierto de hombres inmensas colinas, los increpaba entonces censurando su perversidad, y decía que ya no vendría más a la presencia de quienes la llamaran: ‘¡Cuán degenerada descendencia dejaron vuestros padres de la edad de oro! Pero vosotros engendraréis unos descendientes peores todavía. Entonces ocurrirá que habrá guerras y, de cierto, también muertes impías entre los hombres: el dolor caerá sobre sus faltas’. Después de hablar así, se encaminaba de nuevo a las montañas y abandonaba a todas aquellas gentes que la seguían todavía con la mirada. Pero cuando aquéllos murieron, nacieron éstos, la raza de bronce, hombres aún más perversos que los anteriores, los primeros que forjaron las espadas criminales propias de asaltantes de caminos, los primeros que comieron la carne de los bueyes de labor. Entonces la Justicia sintió aversión por el linaje de aquellos hombres y voló hacia el cielo; y a continuación habitó esta región donde de noche aparece todavía a los mortales como la Virgen, cerca del esplendente Boyero.”

La constelación de Virgo también ha sido relacionada con Deméter (la estrella más brillante del asterismo lleva el nombre de Spica y se figura como el tallo o el ápice de una espiga que la virgen sostiene con la mano), con Isis y con Atárgatis, diosa siria de la fertilidad y protectora de los ciudadanos. Los babilonios asociaron a Virgo con la diosa Ishtar, vinculada asimismo con el planeta Venus. Los fenicios la llamaban Astarté y antiguas crónicas medievales la relacionan con la diosa sajona de la fertilidad Eostre, de cuyo nombre deriva la voz con la que se denomina a la Pascua en inglés (Easter). En la India, Virgo era conocida como Kanya, madre del dios Krishna, y se la representaba como una deidad sentada ante una fogata.

Detalle de la bóveda de la antigua Biblioteca Universitaria de Salamanca.
Obra de Fernando Gallego (s. XV)

Acerca de Leo

En el hemisferio norte, Leo es una de las constelaciones zodiacales más evidentes en las noches de primavera. Eratóstenes se hace eco de la tradición según la cual Leo testimonia el primer trabajo de Hércules-Heracles. Euristeo, rey de Micenas y Tirinto a quien Heracles sirve por designio del oráculo de Delfos, le pide la piel del león de Nemea, un animal feroz e invulnerable. El héroe viaja a la comarca en que habita el león y tras dar con él, intenta matarlo con su arco; pero las flechas rebotan en su dura piel. Heracles lo persigue blandiendo su maza de olivo y consigue golpear su frente. La fiera, aturdida, corre a refugiarse en una cueva con dos entradas; astutamente, Heracles tapona uno de los accesos y penetra por el otro. Acorrala al león, salta sobre él y, cogiéndolo por el cuello, lo estrangula con sus manos. Tras su victoria, ofrece un sacrificio a Zeus y transporta al león a cuestas hasta Micenas, donde consigue despellejarlo con las propias garras del felino. Heracles conserva la piel para sí y la usa en adelante como una armadura impenetrable para defenderse de sus enemigos.

Cuando el Sol recorre el signo de Leo se alcanza el punto más álgido del verano. Arato recuerda que en Grecia era una época favorable para la navegación a vela por los vientos etesios (=anuales), procedentes del norte-noroeste. En Egipto era el tiempo de la crecida del Nilo, y a este respecto Cornelius y Devereux apuntan que las compuertas de los canales que irrigaban el valle del Nilo solían estar decoradas con la cabeza de un león, sugiriendo que esta es la razón por la que resulta tan frecuente el motivo de la cabeza de león en los surtidores de la arquitectura griega y romana.

Los persas consideraban que Régulo, el brillante corazón del león, era una de las cuatro Estrellas Reales (las otras tres son Formalhaut, astro principal de la constelación del Pez Austral; Aldebarán, de Tauro; y Antares, de Escorpio). Son todas de primera magnitud y se hallan cerca de la eclíptica, formando una gran cruz. Se las tiene por guardianas de los asuntos del cielo y señaladoras de las cuatro estaciones del año solar.


La constelación de Leo. Johannes Bayer, Uranometria (s. XVII)

lunes, 20 de marzo de 2017

Más sobre la primavera

Brotes verdes en la plaza Lesseps (Barcelona), ayer.

Esta primavera ha comenzado con la Luna en conjunción con Saturno. El cuarto menguante lunar indica que el satélite de la Tierra está en cuadratura con el Sol y que sus energías decrecientes no se han sumado, en este inicio de la estación, a las del astro del que recibe su luz. Algo que nos recuerda que la primavera -y la transmutación alquímica- es una "obra del Sol", de un Sol ahora fortalecido por su exaltación en Aries.

A Mercurio podremos verlo poniéndose sobre un horizonte llano durante el crepúsculo vespertino de los últimos días de marzo y los primeros de abril. El resplandor solar ya ha ocultado a Venus, si bien éste transitará con rapidez por su conjunción inferior y reaparecerá como lucero del alba, brillantísmo, a finales de este mismo mes. A Marte lo iremos observando hacia el oeste durante la primera parte de la noche, con un ocaso cada vez más adelantado. El brillo inconfundible de Júpiter nos acompañará constantemente, aunque su puesta cada vez más temprana hará que lleguemos a perderlo de vista durante algunas horas de la noche en junio. Y a Saturno lo veremos emergiendo cada día por el este casi al mismo tiempo que Júpiter culmina en el punto más alto de su trayectoria.

domingo, 19 de marzo de 2017

Primavera 2017

La primavera boreal (al igual que el otoño austral) dará comienzo el próximo lunes 20 de marzo a las 11.29 h de tiempo local peninsular, momento en que el Sol alcanzará uno de sus equinoccios. Se trata de una coyuntura en el periplo anual de nuestra estrella central por el Zodíaco que jalona la división del día en una mitad luminosa y otra oscura, de modo que si el horizonte que se divisa desde el lugar donde nos encontramos fuese completamente llano veríamos permanecer al Sol en el cielo exactamente durante 12 horas.

La Tierra, en su movimiento anual de traslación, pasa por el denominado punto vernal en el equinoccio de primavera. En esta efeméride, el Sol cruza el ecuador celeste emprendiendo un ascenso que culminará en el solsticio de verano e ingresa en el signo astrológico de Aries. Arranca, pues, un tiempo nuevo, vital; y no es casual que el calendario más antiguo que se conoce de Roma, el atribuido a su fundador y primer rey Rómulo, comenzara en el mes de marzo, época en que se reemprendían las labores agrícolas y las campañas militares iniciándose un año calendárico de 10 meses y 304 días de duración tras un período invernal de recogimiento que estaba excluido del cómputo de los días.(1) Análogamente, el calendario de los sumerios comenzaba en el primer día de la primera Luna nueva tras el equinoccio vernal, y el mes hebreo de Nisán -en cuyo día primero se celebraba la Pascua judía- era el que encabezaba el calendario administrativo de Israel.(2)

Adam MacLean, Coloured Alchemical Sequences (2017)

Llega, pues, un periodo propicio para la Gran Obra de transmutación como bien conocen los alquimistas...

"[La primavera es el] tiempo en que el mercurio toma el temperamento y la complexión cálida y húmeda del aire, lo cual se consigue con un fuego de segundo grado. Este calor ha de ser mediano y temperado, pero más fuerte que el de invierno. Durante este régimen el Azufre deseca al Mercurio; produce las hierbas y flores filosóficas, es decir, los colores que preceden al blanco y a la blancura en sí misma. La materia [de la obra] entonces ya no puede ser destruida. Los Filósofos, para determinar este paso del negro al blanco, lo han llamado primavera, llamando así también a la misma materia." (3)


(1) De ahí que los meses séptimo, octavo, noveno y décimo tras marzo de nuestro calendario reciban los nombres de septiembre, octubre, noviembre y diciembre, respectivamente.
(2) Manolo García y Soliman El-Azir, 5000 años mirando al Sol. Edición de los autores, 2015.
(3) Antoine-Joseph Pernety, Diccionario mito-hermético. Ed. Índigo, Barcelona, 1993.

martes, 20 de diciembre de 2016

Solsticio de invierno 2016

El miércoles 21 de diciembre es el día del solsticio de invierno (de verano en el hemisferio austral). Según el Observatorio Astronómico Nacional, ocurrirá a las 11.44 h de hora oficial peninsular y dará entrada a un invierno boreal que durará 88 días y 23 horas. Durante esta estación, el cielo del amanecer estará dominado por Saturno y Júpiter, y el del crepúsculo, por Marte y Venus. La noche del 10 al 11 de febrero se producirá un eclipse penumbral de Luna, y el 26 de febrero, un eclipse anular de Sol (sólo perceptible en Sudamérica, África y la Antártida).

En el tiempo en que se celebra la Navidad cristiana y la Hanukkah o fiesta de las luces hebrea, los romanos festejaban el Dies Natalis Solis Invicti, el festival del nacimiento del Sol invicto, concretamente entre los días 22 y 25 de diciembre. Se trata de un Sol que nace de nuevo, regenerado y vigoroso como todo lo joven y que es entronizado como astro rey de una nueva época (un año lo es a la escala de nuestra vida) en la que todo resulta posible, hasta la Paz y el Amor que nos deseamos insistentemente en estas fechas. Y resulta significativo que sea el anciano Saturno, el regente de la Edad de Oro que alguna vez ha vivido la Humanidad y de las Saturnalia o Saturnales que preceden a las fiestas solsticiales en el calendario de la antigua Roma, quien de paso a este nuevo ciclo.

Las fiestas en honor a Saturno se celebraban originalmente sólo durante el día 17 de diciembre, pero más tarde se extendieron hasta el día 23. Se iniciaban con un rito de liberación del dios en el templo que le estaba dedicado en Roma: la estatua de la deidad, envuelta durante todo el año por una cinta de lana que la oprimía, era liberada de ésta y ello suponía el comienzo de un periodo en que la actividad pública se interrumpía y el orden de la sociedad quedaba trastocado. Los esclavos se sentaban en la mesa de sus señores y éstos accedían a servirles, pues nadie podía ser discriminado durante las Saturnales por su condición de siervo. La alegría general y el libre gozo se presentaban en un tiempo todavía oscuro como presagio del ciclo luminoso por llegar.



 Helios y Mitra tauróctono, dos aspectos del Sol invicto. Museos Vaticanos.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Equinoccio de otoño 2016


Según el Observatorio Astronómico Nacional, el equinoccio de otoño tendrá lugar el jueves 22 de septiembre a las 16:21 h (hora oficial peninsular). La estación que se inicia durará 89 días y 20 horas, y concluirá el 21 de diciembre con el solsticio de invierno.

El equinoccio de otoño se produce al entrar el Sol en el signo de Libra y es un momento propicio para meditar sobre cuestiones bien importantes. Por ejemplo, sobre el origen común de las Tradiciones precolombinas y de aquellas que han florecido en las orillas del Mediterráneo -entre ellas, la Tradición Hermética-. Éste no es otro que la Tradición Atlante, heredera a su vez de una Tradición Primordial cuyo punto de partida coincide con el del Manvántara al que pertenece el ciclo cósmico en el que hemos venido a la existencia, este pesadísimo Kali Yuga al que le deben quedar, como se suele decir, cuatro días mal contados, visto el panorama actual…

Tula es el nombre que recibía el centro supremo de la Tradición Primordial en la Hiperbórea y el que debió heredar el centro espiritual de la Tradición Atlante, según apunta el hecho de que los toltecas atribuyeran dicha denominación a un gran centro sagrado de su tradición en Mesoamérica. Y este mismo aplelativo, Tula, designa igualmente a la constelación de Libra(1).

Constelación de Libra (lámina coloreada)
Johannes HeveliusFirmamentum Sobiescianum sive Uranographia (1687)

Tal como el nombre de Tula fue transferido del Norte hiperbóreo al Occidente atlante, la denominación de Libra o Balanza se trasladó de la constelación polar que hoy conocemos como Osa Mayor al asterismo y el signo zodiacal que signan el otoño del hemisferio norte(2). De modo que Libra determina -junto con Aries- un eje equinoccial en el que cabe ver una proyección “horizontal” del eje polar o “vertical” de la bóveda celeste según el simbolismo de la cruz (el travesaño proyecta en la horizontal las energías celestes que descienden por el palo recto).

En definitiva, que en medio de este escenario de hojas que caen, días que se acortan y una civilización que se va al carajo hay un ámbito a imagen y semejanza de aquella Tierra de los Vivos hiperbórea donde siempre es primavera. Si lo buscamos, lo encontraremos.


(1) Ver René Guénon, “Lugar de la Tradición Atlante en el Manvántara” (incluido en la recopilación “Formas tradicionales y ciclos cósmicos”).
(2) Ibid.