Hemos hablado en distintas ocasiones de lo diferente que es la concepción del tiempo en el mundo moderno con respecto a la que se tenía en la Antigüedad. Hoy en día se acredita en una cronometría uniforme en el que las 24 horas de un día discurren del mismo modo que las del anterior o las del que vendrá, cuando la realidad es que la prodigiosa máquina de los orbes celestes imprime ritmos cíclicos en el tiempo, pulsos que son significativos y que producen vibraciones sutiles que permean en todo lo que vive.
Decimos todo esto porque habrá quien, imbuido de la creencia en un tiempo lineal y uniforme, piense que los equinoccios dividen al año en dos mitades (primavera-verano y otoño-invierno) de igual duración. Y basta con sumar, por ejemplo, las duraciones de las cuatro últimas estaciones astronómicas para comprobar que ello no es así. Del equinoccio de primavera al equinoccio de otoño (primavera-verano) van aproximadamente 186 días, mientras que del equinoccio de otoño al de primavera (otoño-invierno) van 179 días. O sea que las duraciones de una y otra “mitades” del año difieren en unos 7 días.
Ello se debe a la elipticidad de la órbita terrestre y a la diferente velocidad con que la Tierra recorre la eclíptica según su distancia al Sol, situado en uno de los focos de su trayectoria. Existiendo un equilibrio entre la fuerza gravitatoria con que el Sol atrae a la Tierra y la fuerza centrífuga que el movimiento de ésta produce, su velocidad es mayor cuando está más cerca del Sol y menor cuanto más alejada. En la actualidad, la Tierra alcanza el afelio, el punto de su órbita que dista más del Sol, el 6 de julio, o sea al comienzo del verano, y el perihelio, la posición orbital de mayor proximidad al astro rey, en torno al 3 de enero, o sea al inicio del invierno. De ahí que la Tierra recorra el semiarco primavera-verano de su órbita más lentamente que el semiarco otoño-invierno.
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El equinoccio de otoño (de primavera en el hemisferio sur) tendrá lugar el próximo día 23 de septiembre a las 2 horas y 5 minutos de hora oficial peninsular, según el Observatorio Astronómico Nacional. El otoño durará aproximadamente 89 días y 21 horas, concluyendo el 21 de diciembre con el solsticio de invierno.
En el crepúsculo vespertino de los días de otoño serán visibles Venus y Mercurio (éste, allí donde el horizonte oeste sea llano y no haya contaminación lumínica), el primero hasta mediados de octubre y el segundo hasta finales del mismo mes. A Saturno lo podremos divisar prácticamente durante toda la estación.
A Marte y Júpiter los veremos de madrugada. Venus hará su aparición en el crepúsculo matutino a finales de octubre y Mercurio entre mediados de noviembre y mediados de diciembre.
Del blog de Eduardo Mosqueira Rey
