miércoles, 19 de junio de 2019

El solsticio de verano asoma

Seis meses después de festejar al Sol Invictus, a la Luz que zafó de las tinieblas, el ascenso de nuestra estrella central alcanza un límite. Justo cuando comenzaba a hacer calorcito y el alma se empezaba a dilatar como el agua y los vapores, se nos anuncia que el Sol se va a detener nuevamente y va a iniciar un declive. Aunque todavía están por llegar los frutos y goces del verano, la luz del día ya se va a ir contrayendo, al principio de una manera casi imperceptible pero cada vez más aceleradamente. ¿Qué cosa, verdad? Es como si no hubiese ni un solo momento para el solaz.


El Sol. Grabado de Robert Fludd, Utriusque Cosmi Historia (1617)

Y es que no lo hay. La máquina del mundo no sabe de reposos ni de indolencias. El solve y el coagula se suceden sin solución de continuidad y a semejante ciclicidad incesante está sometido todo lo que existe. Lo cual uno acabaría por contemplar como un día de la marmota sin fin, una tremenda y horrible reiteración que aherroja su vida, si no hubiese conocido que hay otro punto de vista. Es desde el centro de la rueda como se comprende que ese devenir circular es la expresión en el ámbito de lo manifestado del ser atemporal e inmóvil de la Tierra del Sol, esa comarca invisible en que nuestro pensamiento habita ahora...


Puesta de sol sobre la Sierra de Tramuntana (Mallorca) en junio

*

Según el Observatorio Astronómico Nacional, el solsticio de verano boreal tendrá lugar el próximo viernes 21 de junio a las 17:54 de hora oficial peninsular. La estación durará 93 días y 15 horas, y terminará el 23 de septiembre con el equinoccio de otoño.

Venus y Saturno serán visibles al amanecer hasta mediados de julio. En los anocheceres se podrán divisar Júpiter, Saturno y, hasta mediados de julio, Marte.

Va a haber dos eclipses en la estación: el día 2 de julio, un eclipse total de Sol que será visible en el Pacífico sur y Sudamérica; y la noche del 16 al 17 de julio, un eclipse parcial de Luna que será visible en América, Europa y África. Esta última efeméride afectará a España.

martes, 19 de marzo de 2019

Primavera 2019

Según el diccionario de la RAE, eclosionar significa "pasar a tener rota su envoltura [de una crisálida o de un huevo] para permitir la salida o nacimiento" de un animal. Su análogo en lo vegetal es el brotar, el "nacer o salir en la planta" de las hojas y las flores, y su motor es el Sol. En el equinoccio, la estrella asalta el círculo del ecuador celeste, el techo que ha constreñido su órbita aparente en torno a la Tierra durante todo el otoño y el invierno, y lo deja atrás para que la primavera sea.


Estamos invitados a sumarnos a esta sinfonía de eclosiones primaverales de todos los reinos de la Naturaleza, del cielo y de la tierra. Es un tiempo propicio para que nazcan en nosotros los hombres y las mujeres nuevos que somos en verdad, rompiendo todas las cortezas y desechando los condicionamientos que nos hemos autoimpuesto. No olvidemos que los antiguos alquimistas aconsejaban que las labores de la Gran Obra se iniciasen en este momento del año.


Según el Observatorio Astronómico Nacional, la primavera de 2019 comenzará el 20 de marzo a las 22.58 del horario oficial peninsular. La estación durará 92 días y 18 horas, y terminará el 21 de junio con el solsticio de verano.

Durante toda la primavera Marte será visible tras la puesta de Sol. Al amanecer podremos ver a Venus así como a Saturno y Júpiter, éstos últimos igualmente visibles durante toda la noche a finales de primavera.

A lo largo de la estación no habrá ningún eclipse de Sol o Luna.

jueves, 20 de diciembre de 2018

En el solsticio de invierno 2018

Y por fin, el triunfo del Sol. Hemos contemplado durante seis meses cómo su ocaso recorría una distancia inmensa sobre el horizonte oeste. Cómo iba cayendo gradualmente el plano de su órbita hacia el sur. Cómo su trayectoria sobre el cielo diurno se acortaba cada vez más. Como si unas energías funestas lo estuviesen barriendo de la escena...

Puesta de sol en Mallorca, 15 de diciembre de 2018

Pues se acabó el descenso. Llega la fiesta de la Luz, del fuego renovado que prohijan los corazones ardientes y cohesiona el Amor inteligente. Es tiempo de retomar nuestros espléndidos brindis en la Ciudadela del pensamiento a la salud de Apolo y de todos los dioses.

Según el Observatorio Astronómico Nacional, el Sol alcanzará su solsticio mañana día 21 de diciembre a las 23.23 h de tiempo local peninsular. El invierno boreal va a durar 89 días y 20 horas y terminará con el equinoccio de primavera, el 20 de marzo.

Durante todo el invierno Marte será visible tras la puesta de Sol. Al amanecer se verán Venus, Júpiter, y también a partir de mediados de enero, Saturno, que será eclipsado por la Luna en la madrugada del 2 de febrero.

Los días 5 y 6 de enero se producirá un eclipse parcial de Sol que sólo será visible en el noreste de Asia y el norte del océano Pacífico. En la estación habrá además un eclipse total de Luna, el 21 de enero, que será visible en nuestro país y en otras partes de Europa, África y América.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Llega el equinoccio de otoño

Penetrados por el calor generoso del verano y gozando relajadamente de él, apenas nos habíamos dado cuenta de que la luz se iba contrayendo más y más rápidamente a lo largo de la estación. Es extraño el diseño del tiempo cíclico: justo en el momento en que comienza el periodo de la expansión, el Sol empieza a declinar. Y en el equinoccio de otoño, a velocidad máxima.

Si el tiempo se está comprimiendo, no hay tiempo que perder. Y aquellos sabios consejos que escribiera Marsilio Ficino hace siglos resuenan hoy tan actuales como entonces...

Te lo ruego, opón a las ocupaciones necias, los pasatiempos vacíos y la actividad innecesaria aquellas palabras de Sócrates: “¡Fuera de aquí, enemigos impíos! Fuera de una vez, ladrones de mi alma, para que no sea obligado a alejarme de mí mismo”. Todo ello te sustrae de ti mismo gradualmente, y conduce a la cautividad al hombre nacido para gobernar. Libérate, te solicito, de esa miserable cautividad mientras puedes; pero sólo puedes hacerlo hoy. Sé hoy independiente por vez primera. Créeme, no es juicioso decir ‘viviré’. Mañana es demasiado tarde para vivir. Vive hoy. Lo que te pido, Lorenzo, es fácil. Emplear justa y útilmente una hora de tiempo no es difícil. Dedica una hora cada día, te lo ruego, a alimentar la inteligencia con los estudios liberales, y vive ese breve tiempo de manera provechosa para ti. El resto, si lo deseas, vívelo para otros.

(Fragmento de una carta de Marsilio Ficino a Lorenzo de Medici)

***

El Sol pasará por el equinoccio de otoño boreal mañana domingo 23 de septiembre a las 3 horas y 54 minutos de hora local peninsular. Durante la estación, que durará 89 días y 20 horas, nuestra estrella central estará más tiempo oculta bajo el horizonte que luciendo por encima de él y la duración del día irá menguando.

Marte y Saturno serán visibles tras la puesta de sol durante todo el otoño, Venus hasta los primeros días de octubre y Júpiter hasta mediados de noviembre. Y ambos reaparecerán semanas más tarde en el cielo del amanecer: Venus al inicio de noviembre y Júpiter en la segunda semana de diciembre.

No se va a producir ningún eclipse durante el otoño de 2018.

Otoño en Collserola (del blog http://globerosdecollserola.blogspot.com)

domingo, 9 de septiembre de 2018

La cosmogonía de Hermópolis

(Del volumen Dioses, mitos y rituales en el antiguo Egipto, de Susana Alegre. Ed. Dilema, Madrid, 2017)

“Una de las cosmogonías más interesantes de Egipto fue la elaborada en la ciudad de Hermópolis, cuyo relato conocemos parcialmente y sobre todo por documentos de épocas tardías, aunque desde tiempos remotos Hermópolis era conocida como Khemenu, ‘la ciudad de los Ocho’. Ello indica que su sistema teólogico, en el que destacan ocho divinidades, la Ogdóada, es en realidad uno de los más antiguos de Egipto.

Aunque se han conservado diversas versiones sobre este mito, su singularidad radica en el protagonismo alcanzado por cuatro dioses masculinos y con cabeza de rana, y por otras cuatro divinidades femeninas representadas con cabeza de serpiente. Aunque en ocasiones estas ocho deidades fueron mostradas con aspecto de babuinos machos y hembras; o como toros y vacas.

La Ogdóada en un relieve del techo del templo de Hathor en Dendera.
Fotografía de Olaf Tausch

Lo cierto es que estos ocho dioses resultan singularmente misteriosos y fueron presentados formando parejas: Nun y Naunet, Heh y Hehet, Kek y Keket, Amón y Amonet (raras veces sustituidos por Temenu y Temenet). En conjunto estas parejas aluden a la infinitud, las tinieblas, la oscuridad, la inmovilidad… Y, según narra la leyenda, entre esas divinidades se configuró o emergió una isla. No obstante, la imagen más llamativa de esta cosmogonía suele ser la noción de una flor de loto, que sustituiría o complementaría la idea de una tierra emergida entre el agua; en algunas versiones se alude a la idea de un sagrado estanque en el que surge un gran loto. Hay que tener en cuenta que la flor de loto para los egipcios era símbolo de regeneración y de la vida que es capaz de emerger desde las tinieblas; pues cada noche desaparece bajo las aguas para abrirse al sol por la mañana.

La cosmogonía de inspiración hermopolitana expresaba que de esa flor, o a través de esta flor, era capaz de surgir el dios creador que daba inicio a la existencia, al que generalmente se le denomina Atum o Ra. Aunque en algunas ocasiones se dice que el dios nacido del loto es Shu o hasta Tot, el escriba de los dioses y dios patrón de Hermópolis.

Frecuentemente el dios nacido del loto era presentado como un niño; es decir, como un astro solar infantil. Ello incide en la idea de su reciente nacimiento. Igualmente es habitual que el niño se muestre chupándose el dedo y con una coleta a un lado de la cabeza, peinado típico de la infancia en Egipto. A ello se pueden sumar cetros y otros elementos propios de la monarquía egipcia, identificándose así que este sol niño, recién nacido, era ya el rey de los dioses y el rey de la creación.

La representación de este niño sol, surgiendo del loto, fue una imagen reiterada en la iconografía, apareciendo en amuletos, figurillas, sarcófagos, objetos litúrgicos, joyas…

Horus surgiendo de un loto.
Estatuilla en bronce del Museo Walters (Baltimore, EE.UU.)

Otra versión del mito hermopolitano explica que las ocho divinidades rana y serpiente que vivían en el Nun se ponen de acuerdo para formar un huevo, al que inseminan, conformando la vida en estado embrionario y de la que surgirán, más tarde, todas las cosas.
Recibid el loto que vino a la existencia al principio, aquel que disipó la nube oscura, sin que nadie pudiera aún conocerle. Vosotros (la Ogdóada) habéis depositado vuestro semen en forma de germen. Habéis procreado, en verdad (vuestra) simiente, que habéis depositado en el Caos, reunida en única forma, y vuestro heredero apareció con el aspecto de niño.
Inscripción en el templo de Edfu
Una vez finalizada la obra creadora, los ocho dioses primigenios se quedaron a vivir en el mundo subterráneo; y en adelante se dedicarán a cubrir necesidades tan básicas como, por ejemplo, la diaria salida del sol y el fluir del Nilo."

miércoles, 27 de junio de 2018

Sobre el cielo de verano 2018

El escenario está listo. Se abre el telón y aparece aquella semibóveda estrellada que tantas veces hemos contemplado en las noches de verano. Al norte, la Polar, demarcando un extremo de la Osa Menor y con las dos estrellas traseras del gran carro de la Osa Mayor apuntando hacia ella; y entre uno y otro asterismo, el sinuoso Dragón de cabeza triangular envolviéndolos. A la izquierda de la Osa Mayor se divisa a la constelación del Boyero con su anaranjada Arturo, a la que por su persistente fulgor se llega a confundir con un planeta; y a la derecha de la Osa Menor, la W de Casiopea (sobre la Vía Láctea), Cefeo, y algo más allá, Andrómeda y el gran Pegaso. El sector que ocupa Hércules en lo alto es enorme pero sus estrellas son tan débiles que incluso pasan desapercibidas si se las observa desde un lugar con exceso de iluminación eléctrica. Las que uno nunca pasa por alto son las blancas señoras del Triángulo de Verano, atravesado por la banda lechosa compuesta de millones de estrellas de nuestra galaxia; son Vega de la Lira, Altaïr del Águila y Deneb del Cisne.

El cielo de Mallorca en la medianoche del solsticio de verano (planisferio OAM)

Sobre la eclíptica, las constelaciones zodiacales de Leo a Acuario, y entreverados con sus estrellas, los errantes Venus, Júpiter, Saturno y Marte. A Venus lo vamos a ver esplendoroso en el crepúsculo durante toda la estación, al principio sobre Leo y a partir de agosto sobre Virgo. Júpiter va a ir retrogradando lentamente a medida que avanza el verano a través de la constelación de Libra, perdiendo paulatinamente brillo y horas de visibilidad. También Saturno retrograda, en este caso en Sagitario pero sólo hasta finales de agosto (a partir de entonces se mantiene estacionario), debilitándose igualmente su brillo. Y va a ser Marte quien este verano ostente la condición de planeta más brillante tras el lucero vespertino, lo cual se debe a que alcanzará, a finales de julio, su oposición al Sol y se encontrará a la mínima distancia de la Tierra desde hace más de una década. Marte retrogradará sobre Capricornio durante el mes de julio, se detendrá en Sagitario a finales de agosto y regresará a Capricornio en septiembre una vez recuperado su movimiento directo.

También nos van a visitar numerosas estrellas fugaces: las Delta Acuáridas desde mediados de julio hasta mediados de agosto con radiante en la constelación del Pez Austral (a las que puede que sea difícil que veamos por su proximidad al horizonte), y las Perseidas, conocidas popularmente como lágrimas de San Lorenzo, radiando desde el doble cúmulo de Perseo entre finales de julio y finales de agosto y cuya apoteosis se va a dar en la noche del 12 al 13 de agosto

Advirtamos para finalizar que el día 27 de julio se va a producir un eclipse total de Luna que será visible en España, concretamente entre las 20:24 y las 00:19 del día siguiente (hora local peninsular).

domingo, 17 de junio de 2018

Llega un nuevo solsticio

Dice el Programa Agartha que “es sabido que las mismas coordenadas espacio-temporales no se dan de una misma manera indefinida en un supuesto mundo inmóvil, frío e irreal (lo que se entiende equivocadamente como ‘matemático’), y la mejor comprobación de ello es la observación atenta de la tierra y el cielo, de lo macrocósmico y microcósmico, siempre en continuo movimiento y perpetua generación de nuevas formas de vida” (módulo I, acápite “Ciencia”).

Llega un nuevo solsticio, y este adjetivo de “nuevo” no es sobrero. Como hace exactamente un año sidéreo, el próximo jueves 21 de junio a las 12 horas y 7 minutos de hora oficial peninsular, la tierra alcanzará un punto de su órbita en torno al sol (llamada eclíptica) desde el que podremos observar cómo éste penetra en el signo zodiacal de Cáncer, quedando así inaugurado el verano en el hemisferio boreal; pero esto va a suceder unas seis horas más tarde que en 2017. La razón es que la tierra tarda 365 días solares y cuarto en regresar a un mismo punto de su órbita (hecho por el cual hay que añadir un día más a nuestro calendario cada 4 años) y por consiguiente el solsticio se retrasa un cuarto de día respecto al año precedente.

Hans Sebald Beham, "Sol" (1539)

Tampoco este punto de la eclíptica se encuentra en la misma posición respecto al cielo de las estrellas fijas que hace 12 meses: debido al movimiento de precesión, los equinoccios y los solsticios se desplazan retrógradamente sobre el cinto de las constelaciones zodiacales a razón de 50 segundos de arco por año, completando una vuelta entera cada 25.920 años. Por otra parte, el sol no está situado en el mismo lugar que hace un año en nuestra galaxia -la Vía Láctea-, ni ésta con respecto al llamado Grupo Local de galaxias que giran en torno a un centro de masas común, ni el Grupo Local en relación al supercúmulo estelar al que pertenece, ni dicho supercúmulo con respecto a las macroformaciones estelares de su entorno, de las que se separa corriendo por el espacio a una velocidad de unos 2 millones de kilómetros por hora en dirección a algún punto de la constelación del Centauro, el cual a su vez se está desplazando…

Y nosotros, ¿dónde es que estamos?